lunes, 26 de septiembre de 2022

CRÓNICA XXXIV MILLA DE SUANZES

 PARTE I:

Mi primera “milla” no fue una milla, sino un kilómetro. Desde aquel lejano septiembre, no me he perdido ninguna edición. Vale, tenéis razón. La del 2020. Pero esa nos la perdimos todos. Así que, objetivamente, no cuenta. Las he corrido todas. Desde hace tres o cuatro años, además, para gran alegría de mi madre. Porque me llevo el jamón. Y no sabéis aquí la jefa... Desde la primera vuelta está salivando.

Jamones aparte, la de ayer fue una milla muy, muy especial. Lo fue para mí, por el hecho de estar corriéndola. No tengo que remontarme tan atrás para verme incapaz de dar un paso. Lo fue también porque, como aquel primer kilómetro, subí al lugar donde entreno siempre acompañada de las dos personas más importantes de mi vida: mis padres.  Tranquilo, Isidro, que ya sabes que tú eres la tercera. Por si estos dos motivos no fueran suficientes, tengo más. La pista estaba llena. Llena de gente conocida y querida. Llena de gente que se volcó de principio a fin, gritando mi nombre durante cada una de las ocho vueltas.

Así que, como veis, no exagero cuando os digo que la edición de ayer fue especial. Todavía no ha sido aceptada mi propuesta de convertir la “milla” en una “doble milla”. ¡Qué le vamos a hacer! Pero, a pesar de ello, creo que jamás dejaré de participar en ella. Desde luego, si por mi madre fuera, ya estábamos la semana que viene repitiendo la proeza. Pero es que, madres aparte, tampoco por voluntad propia renunciaría a una prueba así. Así de familiar. De especial. De única. Porque, ¿os cuento un secreto? Sólo hay una cosa mejor que sentirse como en casa. Saber que estás en ella.  Con mi pijama roji-negro, os invito a hacernos una visita el año que viene.


PARTE II:

El bueno de Newton era un auténtico genio. Seguro que en el colegio os hablaron hasta la saciedad de sus múltiples proezas. Empezarían por la manzana, digo yo. La supuesta manzana cuya caída propició el desarrollo de la importantísima Ley de Gravitación Universal.

De gravedad y órbitas hablamos otro día, si os parece. El pobre Isaac hizo muchas cosas más. Entre ellas, sentar las bases de la mecánica clásica. Con sus tres leyes del movimiento, Newton revolucionó la Física conocida. El mundo entero de la ciencia, diría yo.  Después vinieron otros, claro. Lagrange y Hamilton, por ejemplo. Y con ellos, la formulación lagrangiana y hamiltoniana de la mecánica. Una revisión de los postulados newtonianos que, a mí, cuando lo estudié el curso pasado, me cautivó desde el primer momento.

En la formulación hamiltoniana de la mecánica, las partículas están descritas por sus coordenadas generalizadas y sus momentos conjugados. No os asustéis, que ahora me explico. Imaginad que cada uno de vosotros es una pequeña partícula dentro de un sistema. En verdad, lo somos. Diminutas partículas humanas en el gran sistema del Universo. Así que quedamos en eso, en que sois particulitas. Bueno. Pues, para diferenciaros del resto, necesitáis algo que os caracterice, claro está.  Y aquí es donde entran en juego esos dos conceptos que he mencionado antes. Las coordenadas generalizadas, simplificando, caracterizan la posición de la partícula. Describen, grosso modo, lo que cada uno sois. Los momentos conjugados, en cambio, guardan relación con el movimiento. Serían, por así decirlo, las diferentes cosas que hacéis.

Según la Física Estadística, cada uno de nosotros constituiría, entonces, un microestado. Y formaría parte, seguro que ya me estáis siguiendo, del macroestado del mundo. Es sencillamente fascinante. Pero, dejadme que os sorprenda, porque lo más extraordinario aún no os lo he contado. Aunque la partícula se desplace, por ejemplo, alterando así su microestado, el estado final del macroestado no se ve modificado. El número total de microestados dentro de un mismo macroestado no cambia. Como la energía, que no puede crearse ni destruirse.

Y es que, por mucho que nos equivoquemos, por mucho que fallemos, seguimos siendo parte de algo mucho más grande. Algo que nos da, cada día, la oportunidad de salir en busca de otras configuraciones posibles. De nuevas y mejores versiones de nosotros mismos.




martes, 13 de septiembre de 2022

III CAMPEONATO DE MADRID ABSOLUTO III KM RUTA

 

III CAMPEONATO DE MADRID ABSOLUTO DE 5Km EN RUTA

PARTE I:

Este fin de semana, muchos corredores hemos dado el pistoletazo de salida a lo que queda de temporada participando en el Campeonato de Madrid Absoluto de 5k (en jerga atlética). De 5 km en ruta (en jerga caminante). Un inicio para todos, claro. Pero, en mi caso, un inicio doble. Qué os voy a contar. ¡Cinco meses sin escribir ni una sola crónica! Hasta habréis respirado. Pues se acabó, siento deciros.

Hoy he hecho oficialmente aquello que durante casi medio año no he podido hacer. Aquello que me da vida: competir. Pero no competir contra mis rivales. Competir contra mí misma. No en el sentido de siempre, cierto. Hoy no pensaba en ritmos. Tampoco en posiciones. Hoy pensaba en ser capaz. Porque, cuando uno ha estado con el freno echado por obligación, al comienzo asusta un poco excederse en la arrancada.

Hoy he coincidido de nuevo con muchas personas, pero he de confesaros que el reencuentro que más ilusión me ha hecho no ha sido con ninguna de ellas. Ha sido conmigo misma. Volver es difícil. Es muy difícil. Y yo he vuelto. No ha sido a lo más alto del pódium. Esta vez, sólo al tercer cajón. Pero he vuelto.

De lo que venga después, apenas una pequeña parte dependerá de mí: seguir intentándolo. Esa, tenéis mi palabra de medio-física, será siempre una constante de mayor validez que el número pi. Con respecto al resto, lo que no depende de mí, tengo una única y suficiente certeza: la de que la vida continuará brindándome las suficientes enseñanzas como para seguir llenando crónicas y crónicas en Instagram.  


PARTE II – El colapso de la función de onda:

Quizá el nombre de Schrödinger os deje un poco fríos. Pero seguro que, si os hablo de su gato, el famoso “gato de Schrödinger”, ya no os pillo tan desprevenidos. Efectivamente. Es ese gato encerrado dentro de una caja que está, grosso modo, vivo y muerto a la vez.

Siento decepcionaros. Podéis volver a mirar a cualquier gato que os crucéis por la calle con absoluta tranquilidad. El pequeño bigotes de este gran físico austriaco no vive a caballo entre nuestro mundo y el de ultratumba. Ni mucho menos. No es más que una curiosa paradoja cuántica.

Porque es que, en Mecánica Cuántica, las cosas no son como en Mecánica Clásica. Un cierto estado (pongamos, el gato), puede ser una combinación lineal de varios estados (por ejemplo, vivo y muerto). Mientras nosotros no intervenimos, esa combinación es perfectamente estable. Por eso, el gato está vivo y muerto a la vez. Sin embargo, en el momento en el que, seres curiosos, queremos medir el resultado, hacemos que el estado colapse. Por eso, cuando abrimos la tapa de la caja, forzamos que el gato esté vivo o muerto. Una condición excluye a la otra. 

Una carrera es, si os paráis a pensarlo, una situación bastante similar. Mientras uno está corriendo, gana y pierde a la vez. Yo, por ejemplo, gano seguridad. Y años de vida. Estoy segura. Pero también pierdo. La orientación, sin ir más lejos. Soy un tremendo desastre. Más allá de estas trivialidades, las carreras son siempre combinación lineal de victoria y derrota. Cuando uno llega a la meta, inevitablemente se decanta por una u otra. Y no hablo, para nada, de quedar primero o último. He ganado algunas carreras sin ser primera, y me he sentido derrotada en otras en las que nadie había cruzado por delante.

Ganar o perder (y aquí tenemos ventaja sobre nuestro amigo el gato de Schrödinger) no es más, en la mayor parte de las ocasiones, que una decisión voluntaria y personal. Así que ya sabéis. Elegid, puesto que no hay más remedio, sentiros siempre ganadores.



 

     

martes, 30 de agosto de 2022

PISTOLETAZO DE SALIDA

 CRÓNICA 42 CARRERA FERIA DE MIJAS

PARTE I:

A escasos 30 kilómetros de Málaga, un pequeño pueblo blanco andaluz se extiende a través de la ladera de la sierra. En ese pequeño pueblo, llamado Mijas, vive un señor de intensos ojos azules, llamado Fran. Cuando uno llega a Mijas en el asiento de copiloto del coche de Fran (que es azul, perfectamente conjuntado con sus ojos), no puede evitar mirar a un lado y a otro con expresión arrobada. Especialmente cuando ese “uno” está acostumbrado al cemento de Madrid. La comparación es inevitable.

El domingo 28, Fran es de los primeros en llegar a la Plaza Virgen de la Peña, en pleno casco antiguo. Teníais que verle, con su gorro de paja y su camiseta de “organización”. Está en su salsa, el hombre. Fran es el alma máter de la Carrera Feria de Mijas. Máter por decir algo. Porque Fran es el alma máter, páter y toda la familia. Es como el Isidro andaluz. Este año, después de dos anegados por la pandemia, el Sol ilumina con fuerza. Todo está preparado para la gran fiesta del pueblo. Para la gran fiesta de Fran. Y yo también, claro. Ahí estoy. Con los casi 200 corredores “mayores” que van a encarar la prueba grande de la mañana. Antes, 300 niños de todas las edades nos han precedido.

Estoy porque, hace ya unos meses, Fran me invitó. Y yo, que no necesito muchos ánimos cuando de correr se trata, acepté sin dudar. De Madrid a Málaga, y de Málaga a Mijas. Y, ya en Mijas, de arriba abajo en la que ha sido, sin duda, una de las carreras más duras y bonitas que he corrido nunca.

Gracias, Fran y familia, por ponerle tanto corazón a lo que hacéis, y por haberme dejado ser testigo de ello. Gracias porque, estando a unos cuantos kilómetros de casa, me habéis hecho sentir como si no hubiera salido de ella. Gracias, también, por ser los primeros en acertar con la talla de la camiseta. No son cosas fáciles. Ni las unas, ni la otra.

PARTE II - Regreso:

Cuando estábamos en 5o de Primaria, nuestra profesora de Conocimiento del Medio, Rufina, nos preguntó de dónde venía la energía. De las centrales eléctricas, fue la respuesta más repetida. De los rayos, la de los más originales. No recuerdo la mía, sinceramente. Pero sí recuerdo la respuesta correcta, la que nadie dio. De ningún sitio. La energía no viene de ningún sitio. No se crea ni se destruye, simplemente se transforma.

A principios del mes de mayo, sentí que volvía a ser aquella niña de 10 años preguntándose por el gran misterio de la energía. Porque la mía, ya lo sabéis, acababa de destruirse por completo. Al menos, así lo sentía yo. En realidad, no lo había hecho en absoluto. Desde entonces, y hasta ahora, sólo ha estado transformándose. Unas pocas semanas sin correr. Unas pocas más sin competir. Así hasta un total de cuatro meses. Una transformación importante y dolorosa, pero necesaria para seguir avanzando.

Dejé de correr, pero no de entrenar. Abandoné las crónicas atléticas, pero no la escritura. Han sido meses de barbecho para una parte importante de mí, pero no me he olvidado de seguir cultivando las otras. Como la energía, no he creado ni destruido, simplemente he transformado. De esa transformación, seguro, brotarán cosas nuevas. Quizás no necesariamente buenas. Seguro que no siempre y en todo su conjunto. Pero, como en el caso de la energía, será cuestión de seguir transformando. De momento, he alcanzado el primero de los objetivos: volver a ponerme un dorsal. Nos vemos en los siguientes.


miércoles, 11 de mayo de 2022

PARÉNTESIS

 

Me gusta mucho esta foto. Siempre me ha parecido que es un fiel reflejo de la esencia de la vida: saltar obstáculos. Creo que es algo que hacemos todos. Superar las barreras que nos encontramos en el camino. Sabiendo que no estamos exentos de pegarnos algún que otro golpe.

Hace justo una semana, yo me llevé uno “gordo”. Han sido tres años salvando obstáculos sin grandes sustos. El último de ellos, además, hasta con técnica. Pero hasta el saltador más experimentado se tropieza, alguna vez, en alguna ría. La caída está muy reciente, así que aún me duele el golpe. Me va a dejar un moratón que me impedirá saltar en muchas citas importantes. En todas esas citas para las que había trabajado con tanto esfuerzo. Con tanta ilusión.

¿Sabéis? Esto también es Física: cuando usas algo, puede romperse. Y es Vida: cuando se te rompe algo, duele. Y, al contrario que la llegada del hombre a la Luna, es un “pequeño traspiés para la humanidad”; y un “gran topetazo para el hombre”. Así lo he sentido yo durante los primeros días, como un gran topetazo. Así que he llorado mucho y he pensado, con mucha intensidad, que no era justo. Os mentiría si os dijera lo contrario.

Pero como esto sigue siendo un péndulo (recordad que ya hablamos en su momento de ello. Haz click en el siguiente enlace > El Péndulo), me he secado las lágrimas y he dejado de autocompadecerme. He empezado a construir de nuevo, una vez derribado el edificio. Durante las próximas semanas tendré que sentar las bases. Van a ser semanas duras. Lo sé. Duras mentalmente, hasta que pueda recuperar la parte de mí que ahora me falta. La Claudia atleta. Y duras físicamente, cuando ponga un pie en el suelo y sea consciente del camino retrocedido durante la ausencia forzada. Una dureza, en ambos casos, que me hará un poquito más fuerte.

He tenido que cambiar zancadas por pedaladas. Parque por gimnasio. Ilusiones por realidad. Pero, lo que no he cambiado, ni cambiaré nunca, es la convicción de que, a la vida, hay que echarle dos huevos. Aunque a veces se cuajen. Porque las tortillas de uno sólo no sirven para saciar el hambre. No puedo deciros cuándo, pero nos veremos relativamente poco. Mientras tanto, prometedme que seguiremos saltando obstáculos.

lunes, 2 de mayo de 2022

Crónica Run for the Earth 5K

Según mis cálculos, mi “profe” de Óptica lleva alrededor de 30 años utilizando un sistema de unidades diferente al Internacional. Se trata del Sistema Cegesimal, o Gaussiano, en honor a su creador. Aunque a este paso no me extrañaría que lo renombraran y pasara a llamarse “Sistema Luis Lorenzo”. Además de férreo defensor del Sistema Gaussiano, mi profesor de Óptica es un entusiasta de los órdenes de magnitud. “El hombre de la calle sabe que esto es 1m (y extiende los brazos) y esto 1s (y chasquea los dedos). Vosotros tenéis que saber… (medida que, con total seguridad, nosotros no sabemos)”.

Hoy me he acordado de él ... y de sus órdenes de magnitud. El tiempo de reacción medio de un ser humano es de 0,25 segundos. Esta mañana, cuando se ha dado la salida de la prueba de 5 kilómetros inscrita en el marco de eventos de MadBlue, he roto todas las estadísticas. De 0,25 segundos nada. He salido escopetada. De hecho, la primera. Y eso sí que es más extraño que su Sistema Gauss. Después, el agua ha vuelto a su cauce. A ver si él se lo aplica y adopta el Sistema Internacional. Que ya va siendo hora. Las hornadas futuras de Físicos me lo agradecerán.

16 minutos y 43 segundos después de salir escopetada, he llegado a la meta. Menos escopetada, que era cuesta arriba. Pero muy contenta. Correr es muy divertido; ganar, muy reconfortante. Encontrarse mejor de lo que uno esperaba, un extra de motivación. Compartir pódium con dos personas admiradas, una muy buena manera de “echar” la mañana del domingo.

Jornada casi completa. Si el bueno de Luis quisiera subirnos los apuntes actualizados, y eliminara los órdenes de magnitud del examen del miércoles, rematábamos ya. Pero esa es otra historia. Nos vemos en la siguiente.


lunes, 25 de abril de 2022

CABEZA DE LEÓN, COLA DE RATÓN

 CRÓNICA CAMPEONATO DE MADRID DE CLUBES ORO

PARTE I:

Dice Miguel que, en el atletismo, hay dos opciones: “cabeza de ratón o cola de león”. Avanzadilla del pelotón o retaguardia de la delantera. Ayer, los dos equipos del “Suanzes”, masculino y femenino, acometíamos una batalla complicada: Liga de Oro de Clubes. Es la máxima competición a nivel autonómico. Nos tocaba, precisamente, ser esto último: cola de león.

No os creáis que sabernos en la trasera hizo que no lucháramos. En absoluto. Como cada vez que tengo la suerte de participar en esta competición tan entrañable, vi a todos mis compañeros defender nuestros colores en sus respectivas pruebas con uñas y dientes. Que para eso ayer éramos leones. Había muchos atletas doblando. Mucho encaje de bolillos para intentar cubrir todas las pruebas. Mucho trabajo dentro de la pista. Y también mucho trabajo fuera de ella.

La realidad se impuso al final de la tarde. En el caso de las féminas, de manera innegable. Cerramos el medallero. O, dándole la vuelta a la tortilla, lo abrimos, pero por el lado que no era. Nuestros chicos protagonizaron una supuesta jornada de circunstancias adversas. O eso nos han querido hacer creer. Porque yo tengo mi propia teoría al respecto. Siempre he dicho que mi club es una familia. En las familias, nadie se queda atrás. Pues eso. Nuestros chicos, que no quisieron dejarnos atrás, se alinearon con la Providencia.

Total. Que el año que viene, por seguir hilando con el pensamiento de Miguel, seremos “cabeza de ratón”. Competiremos en la Liga de Plata. Supongo que debe de ser algo así como haber jugado en Primera y descender a Segunda. Pero, ¿sabéis una cosa? Que a mí me da exactamente igual. Porque, aunque un peldaño más abajo, seguiremos subiendo la escalera juntos. En familia. Una familia muy grande de ratones muy chiquititos.

PARTE II:

Escribí mi última crónica hace, justo, un mes. No es que me haya podido la desidia. No. Es que no he competido desde entonces. El “re-regreso”, dicho sea de paso, tampoco ha sido de otro mundo. Bastante discreto, por no decir mediocre. He pasado un mes sin competir, que no sin entrenar, porque el foco de mi atención se ha trasladado, temporalmente, a una carrera que no disputo con zapatillas. Bueno, realmente sí. Con tacones a clase, como os podéis imaginar, no voy. Pero me habéis entendido. Estoy encarando la recta final de una carrera que me está exigiendo mucho esfuerzo. No porque tenga unos rivales fuertes, sino por su dificultad intrínseca. Me pesa la cabeza. Será el láctico, que se ha trasladado de las piernas al cerebro. Quedan, todavía, los últimos metros. Los definitivos. Como en toda carrera, me va a tocar apretar todavía más los dientes. No me importa. Estoy viendo el final. El del curso. Y es que, cuando lo alcance, será el verdadero pistoletazo de salida de la carrera del verano. Esta vez, sí, la que libro con zapatillas de colores.

Ayer mis piernas no estaban preparadas para correr muy rápido. Tampoco mi cabeza, que iba repasando las fórmulas más importantes del examen que tengo esta tarde. Mejor, que así ya no tuve que hacerlo al volver a casa. Luché por dar mi máximo, aunque mi máximo de ayer no fuera el que me habría gustado. Tampoco me importa. En la vida, como en la Física, todo es cuestión de perspectiva. Y yo sé que volverá a serlo. Mientras tanto, seguiré corriendo. Aunque tenga que ser más lento. Y seguiré estudiando. Aunque a veces sienta que mi neurona está próxima a estallar, como en una nube de estrellas. Os pido, como siempre hago, que sigáis empujando mis zancadas. Tranquilos. Que de las fórmulas y, esas cosas no atléticas, ya me sigo encargando yo.

lunes, 21 de marzo de 2022

Toboganes de agua

 CRÓNICA 39 CARRERA DEL AGUA – MEMORIAL JOSÉ JUAN OJEDA

PARTE I:

Ayer por la mañana, mi madre y yo llegamos a Plaza de Castilla muy pronto. Torcí un poco el gesto cuando observé algunos mechones rubios escapando alegremente de mi coleta. Sinónimo de viento. Mala cosa. Antes de que hiciera mi primera visita al baño, se nos acercó un chico de la organización. Muy majete. Venía para preguntar/confirmar si yo era Claudia. Aunque para Isidro sea un “pequeño cañamón”, y, para mi madre, un “desastre”, preferí omitirlo. Así que sí. Le dije que era Claudia. Resulta que, aunque yo había pagado mi inscripción (como el resto de corredores normales), la organización me había reservado un huequecito delante para que pudiera salir rápido, sin tragarme la marabunta. Rápido, ya se entiende, según mis posibilidades ... que de mi velocidad de reacción ya hemos hablado muchas veces.

Así que me fui a calentar tan contenta. Además, todo el mundo decía que aquel era un recorrido maravilloso. Que se volaba. Yo, de momento, estaba contenta con no volarme. Cuando regresé al arco de salida, ya me estaba esperando el chico de la organización. Y muchos medios. Casi respondí mayor número de preguntas delante de cámaras que metros recorridos después. Hasta foto institucional hubo. Ya lo veis. El pódium tradicional tiene tres escalones. Y en la foto somos cuatro. Las dos primeras plazas, a años luz. Ni en cohete. Así que, como mi relación con los cuartos puestos, qué os voy a contar, es un poco tormentosa, lo tenía claro. La tercera tenía que ser para el “pequeño cañamón”.

PARTE II:

Pistoletazo de salida. Por fin. Me gusta más correr que hacerme fotos. Mis pronósticos iniciales, confirmados. Menudo aire. Especialmente cuando tienes una constitución física que no es precisamente de culturista. Lo del aire se me olvidó pronto. ¡Pero cómo que un circuito para volar! Yo diría que era un circuito para columpiarse. Cuando vi el primer tobogán pensé que era una cosa puntual. Cuando encadené el cuarto repecho subida-bajada, ya pensaba que quedaban aún otros cuatro o cinco. ¡Ay, qué pardilla! Engañada por completo. Primera vez en toda mi vida que cubro más rápido el segundo segmento de la carrera.

Era un trazado un poco desangelado. Una organización, eso sí, muy buena. Una marca bastante “regulera”. Aunque, todo sea dicho, conseguí mi mejor marca homologada en ruta: 35:12. Las dos primeras plazas quedaron muy, muy lejos. Un tercer escalón al que sí me subí. Como todo, sus partes buenas y sus partes malas. Un preámbulo en el recorrido veraniego. ¿Me habría gustado correr más rápido? Pues sí. ¿Que todavía es pronto? Pues también. Me lo pasé bien. Porque corriendo siempre me lo paso bien.  Pero también porque cada vez me siento más respaldada. No porque me vayan conociendo en las organizaciones de las carreras, eh. Para nada. Yo sigo y seguiré yendo a mi aire. Nunca mejor dicho. Me siento muy respaldada por todos los que me escribís después para decirme que hicisteis parte de la carrera conmigo, que leéis mis crónicas y que siga corriendo. Mirad que nunca he sido de obedecer así porque sí. Pero esto lo voy a cumplir a rajatabla.

El chico de la organización me dijo que estaba invitada a correr el Derbi de las Aficiones, que también organiza LastLap. Que es una carrera muy rápida. Ya, ya. Primero tengo yo que contrastar esa información. Nos vemos pronto, amigos. Sigamos haciendo aquello que nos hace felices ... aunque haya cuestas y nos pegue aire en contra.


domingo, 27 de febrero de 2022

INVIERNO. CAPÍTULO FINAL

Parte I:

Este finde, el foco mediático estaba bien lejos de Madrid. Los puestos en atletismo me habéis pillado. Los menos, lo haréis pronto. Campeonato de España Absoluto. ¿Y cómo que no has ido a Ourense? Creo que me han hecho esa pregunta más veces en estos últimos días que vueltas dadas a Gallur durante el invierno. Y mira que han sido unas cuantas. No os voy a mentir, que ya sabéis que no me gusta. Estaba en el plan. Lo de Ourense. El 1500, que era para el que tenía mínima. Había reservado hasta el hotel. Que estos señores de Booking te lo ponen tan fácil que hasta los ineptos tecnológicos somos capaces de organizar un viaje.

Así que sí. Podría perfectamente haber estado en Ourense. En mi primer Campeonato de España Absoluto. Pero, para ello, este señor de la foto, que me cuenta siempre las mismas batallitas, y que a veces no me deja correr tanto como me gustaría, habría tenido que meterse entre pecho y espalda 500 km al volante. Ojo. 500 de ida. Después, otros 500 de vuelta. ¿Sabéis? Los habría hecho. Esos y los necesarios para llevarme al fin del mundo. 20 años puede que sean aún pocos para muchas cosas. Pero, sin duda, son suficientes para saber que no habría tenido ningún sentido. Que habría sido un capricho, una actitud egoísta. Así que sí. No estar ha sido una decisión mía. Probablemente no la mejor ... atléticamente hablando, claro. Porque por encima de lo atlético estará siempre lo humano. Y ahí tengo la certeza de que no me he equivocado.


Parte II:

Diciembre fue para mí un mes mágico. No tengo que jurarlo. Un Europeo, un buen 3000 y una victoria preciosa en la carrera de mis sueños. Desde entonces, dos meses de competiciones sin interrupción. Final de un cuatrimestre exigente y comienzo de uno que lo es aún más. Pinchazos en los dedos con una regularidad semanal más precisa que los pasos de una “liebre”. Un título autonómico absoluto, y uno Sub23. Un debut en el cross “de mayores” con un “Top Ten menos uno”. Un quinto puesto nacional en el anillo de Salamanca. De 9.58 a 9.38 en las 15 vueltas. De coronar Vallecas en algo menos de 35.30 a hacerlo en algo más de 34 minutos. De haber olvidado desde dónde se salía en el 1500 a conseguir en esa prueba mi primera mínima absoluta.

Han sido unas semanas frenéticas. Como soy de ciencias, pues entenderéis que me gusten las estrellas. Me habría gustado, como ellas, poder brillar un poquito más. Las noches estrelladas son preciosas. Pero sé que no me puedo quejar. Aunque con sus nubes, este invierno también ha tenido momentos de Sol. Me lo he pasado muy bien. He entrenado y competido a ritmos que antes me parecían una utopía. He conseguido mis mejores notas universitarias (hasta el momento) estudiando en tropecientas habitaciones de hotel. He afrontado cada reto deportivo y humano con ilusión y, aunque soy un desastre, hasta he conseguido no perder mi cinta naranja en ningún punto de la geografía española.

Se acaba para mí el invierno. Tranquilos. El atlético. Contra la Naturaleza no voy. Sé que necesito echar el freno de mano. Alejarme del ruido de fuera para que todo vuelva a fluir dentro. Me da un poco de pena, porque han sido semanas muy bonitas. Vivirlas yo, pero especialmente compartirlas con los míos. Ahora es momento de seguir construyendo. Un nuevo edificio. Con la certeza de que ellos, los míos, me ayudarán a apilar ladrillos. Con la ilusión, también, de que vosotros seguiréis leyendo las palabras que escriba cuando llegue el momento de inaugurarlo. Id guardando los abrigos, que pronto empieza la mejor parte del año.


lunes, 21 de febrero de 2022

¿DUDAS?

 CRÓNICA CAMPEONATO DE ESPAÑA SUB23 DE PC

PARTE I:

Miguel de Unamuno no se puso jamás unas zapatillas de correr. Tampoco resolvió, durante sus algo más de setenta años de vida, ninguna ecuación diferencial. Ni ordinaria ni en derivadas parciales. Así que vais a perdonarme si hoy lo tomamos a él como figura central de la historia.

Miguel de Unamuno pensaba mucho. También escribía mucho. Justo merecedor del Nobel que nunca recibió, dicen los entendidos. Yo no entiendo. Pero sí que siento. Y siento mucho cuando leo a Unamuno.

Corría el año 1936. Año difícil en esa historia que es la nuestra, la Historia de España. Aquí estaba nuestro amigo Unamuno, en esta misma ciudad en la que me estrené yo, ayer, como atleta "semimayor". A punto de pronunciar el discurso con el que tomaría posesión de su cargo como Rector de la Universidad de Salamanca. Frente a él, un auditorio repleto. Unamuno, que no era salmantino, sino vasco. Que no tenía una tendencia política definida. Que vivía en una profunda contradicción. Entre el creer y el saber. Unamuno. Que no necesitó ni alzar la voz. Que miró hacia Millán Astray y entonó, convencido, aquello de "Venceréis, pero no convenceréis".

No sé lo que dicen los que escriben la Historia. No me interesa su pluma. Prefiero recurrir, directamente, a los que la vivieron. Tengo el discurso de Unamuno en dos sitios diferentes. Lo imprimí en letra cursiva, y lo colgué en mi cuarto, frente a mi escritorio. Sólo por si en algún momento se me olvida algún fragmento. Porque tengo el discurso de Unamuno grabado dentro. Estoy intentando vivir de acuerdo a él. Aunque sus palabras no sean, estrictamente hablando, mías. Yo también vivo, como Unamuno, entre el creer y el saber. Entre la realidad y la ilusión. Tengo muchas dudas. Pero también tengo una certeza. La de saber lo que quiero. Y otra más. La de ser consciente de que estoy haciendo todo lo que puedo para conseguirlo. Disculpe, Don Miguel, porque ya ve usted que, en algunas cosas, no tengo dudas. 

PARTE II:

Ayer, mientras calentaba, pensaba en Unamuno. Bueno. También pensaba en no dejarme un tobillo. Que a esas horas no se veía un carajo. Pero pensaba principalmente en Unamuno. Porque, como él, yo también tenía mis dudas. Menos trascendentales, claro. Pero mis pequeñas dudas.

No porque no quisiera correr. En absoluto. Me apetecía mucho hacerlo. Tampoco porque me diera miedo. No os preocupéis, el pistoletazo de salida no suena tan fuerte. Tenía dudas porque quería creer. Hasta ahora, creer me ha dado buenos resultados. Pero sabía que, por mucho que creyera, o que quisiera hacerlo, la realidad está siempre por encima de la fantasía. 

Ayer tenía un sueño. Quedar entre las tres primeras. Ayer, también, tenía un objetivo realista. Hacerlo entre las seis. Salí la última. Poca emoción, lo sé. Siempre salgo la última. Me coloqué la séptima. Mantuve esa posición durante la primera mitad de la carrera. Claudia. Que los sueños son sueños. No siempre se pueden cumplir. Pero los objetivos, aunque no puramente objetivos, se ajustan más a la realidad. Me coloqué sexta. Objetivo cumplido. Así que ahora, que la realidad es real, sueña. Me coloqué quinta. Y final del cuento. Porque quinta llegué. En mi primer campeonato de España de pista en categoría Sub23.

¿Qué queréis que os diga? Que vuelvo a tomarle la delantera a nuestro amigo Unamuno. Porque no tengo ninguna duda. Estoy contenta. Estoy muy contenta. Ayer me quedé lo suficientemente lejos del podio como para querer seguir creciendo. Pero lo suficientemente cerca como para acabar con una gran sonrisa. Aunque siga sintiendo que puedo correr mucho más rápido. Aunque termine de correr y esté pensando ya en volver a hacerlo. ¿Cómo dice, Don Miguel? ¿Que no me aclaro? No me venga con esas, eh, que hemos quedado que el de las dudas era usted.



domingo, 13 de febrero de 2022

SABOR AMARGO

 CRÓNICA CAMPEONATO MADRID ABSOLUTO PC

Cuando empecé a escribir mis crónicas, me prometí que, ante todo, iba a ser sincera. Como lo he cumplido hasta el momento, y pienso seguir haciéndolo, os voy a pedir de antemano que me perdonéis. Porque mi sinceridad de hoy puede que no os guste mucho.

Campeonato de Madrid Absoluto. Isidro siempre dice que, aunque los “buenos” tiendan a olvidarse de ellos, los campeonatos autonómicos también son importantes. A la orden, jefe. Este “finde” me había apuntado inicialmente a dos pruebas: el 1500 por la mañana y el 3000 por la tarde. La primera porque el fin de semana me lo pasé muy bien jugando a mediofondista. Y la segunda porque es la distancia con la que más migas hago en la temporada de pista cubierta. Y ya sabéis, no se pueden descuidar las relaciones.

Cuando vi los inscritos, pensé que lo de pasármelo bien podía quedar para otra ocasión. El 3000 pintaba bien. Se me presentaba una buena oportunidad para darle un mordisquito a mi marca. Así que renuncié al 1500. Os voy a contar un secreto. Cuando mi madre venía a buscarme al colegio con la merienda los viernes, y debajo del papel de aluminio había un sándwich de foie gras, sentía una profunda desilusión. Con lo rico que estaba el de Nocilla. Pues este viernes, cuando vi el listado definitivo de inscritos, me sentí un poco así. Delante de un “bocata” de foie gras. Así que esta tarde me he presentado en Gallur con un sabor un poco rancio. Porque, aunque me hacía mucha ilusión ver a Tamara, Dani, Chechu, Miguel y ese cada vez mayor etcétera de personas con las que coincido en las competiciones, sabía que me iba a tocar correr sola. Y eso ya me hacía menos ilusión.

Hoy he sido Campeona de Madrid Absoluta en una prueba en la que nunca lo había sido (archivo paterno), así que supongo que quedaría muy bonito escribir que estoy contenta. Recordad. Sinceridad. No estoy contenta. Tampoco triste. No he corrido lento. Pero tampoco rápido. He corrido sola ... y estoy un poco cansada de hacerlo siempre. Sé que ganar está al alcance de pocos. Que muchos han corrido hoy, y pocos nos hemos alzado con la victoria. Hay mucha gente corriendo rápido estos días. Supongo que debe de ser más fácil cuando llevas a alguien delante. ¿Sabéis? Me alegro mucho por ellos. Especialmente cuando los conozco. Porque, aunque en la pista seamos rivales, debajo del número de dorsal hay otras personas que también están persiguiendo sus sueños. Así que me alegro mucho cuando lo consiguen. Pero, la verdad, yo también podría correr, acompañada, más rápido de lo que lo hago sola. Lo siento. Pero, como esto es lo que siento, esto es lo que escribo. Sí. Lo sé. Que corra sola no significa que lo esté. Gracias por acompañarme en el camino.



domingo, 6 de febrero de 2022

CRÓNICA X REUNIÓN FAM PC - 1500

Hace poco más de dos semanas despedía el primer cuatrimestre estampando mi firma en el último de los exámenes finales. Era un viernes. Al lunes siguiente, cogía de nuevo el “boli”, pero no para resolver ejercicios, sino para empezar a tomar los primeros apuntes del segundo “cuatri”. Dos días de descanso entre ellos. Casi no me da tiempo ni a cambiar de color.

Tengo la sensación de que este descanso ha sido demasiado corto. De que he empezado la segunda serie sin haberme recuperado bien de la primera. Hoy os voy a ser muy sincera, tenía “cero ganas al cuadrado”. Cero ganas de estudiar. Cero ganas de competir. Esta mañana, cuando mi padre me ha dicho que no estudiara, le he respondido que a mi mente le gustaría no hacerlo. Pero que sería lo fácil. Y las ecuaciones fáciles, ya sabéis, explican pocas cosas. La Física bonita está en las ecuaciones difíciles. Esta tarde, rumbo  a Gallur, cuando Isidro me ha dicho que no tenía por qué correr hoy, le he respondido igualmente que a mi cuerpo le gustaría no hacerlo. Pero que sería lo fácil. Y los ritmos fáciles, ya sabéis, no sirven para ganar carreras. Las carreras se ganan apretando los dientes.

Hoy me habría quedado en casa. Y os voy a contar por qué no lo he hecho. Aunque os parezca una caramelada. Como ya os tengo acostumbrados a ellas, pues no importa. Un poquito más de azúcar. Hace unas semanas coincidí con mi amiga Ivana, del Club Corredores. Yo no creo en el talento. Sí en el trabajo. Y sé que detrás de ella hay mucho. Ivana llevaba varias tentativas frustradas sobre el 1500. Se le resistía, por poquito, la mínima absoluta. ¿Qué queréis que os diga? Tengo de mediofondista lo mismo que de física experimental. Cero. Rompo todos los “cacharritos”. Pero sabía que en 4.40 sí que podía correr. Así que quedamos en que la rubia pequeña le haría de “liebre no oficial” a la rubia grande. No me gusta nada de nada fallarme a mí. Pero me gusta aún menos fallar a los demás. Así que hoy he sido una estupenda mediofondista. Paso del mil en 3.05. Suficiente. La rubia mayor se va para Orense. Y la rubia pequeña se alegra mucho. Por la rubia mayor, claro. Pero es que, de rebote, vuestra física en proyecto ha conseguido mejor marca personal, ¡y su primera mínima absoluta! Es como la primera ecuación diferencial ordinaria que resuelves solo. Hace ilusión. Aunque sea una ecuación sencilla. Es el primer paso para poder resolver una más complicada. Muchas gracias por compartirla conmigo. No. No os preocupéis. La ecuación ya la resuelvo sola. Me refería a la ilusión por seguir creciendo.



lunes, 31 de enero de 2022

CAMPEONATO DE ESPAÑA DE CROSS

 CRÓNICA CAMPEONATO DE ESPAÑA DE CROSS INDIVIDUAL Y POR FEDERACIONES

PARTE I:

La primera vez que vestí la camiseta de estrellas, hace 5 años, el circuito era muy parecido al de ayer. La tarde anterior, cuando el autobús nos dejó a los pies del mismo, todo el mundo hablaba precisamente de eso, de pies. Bueno, de qué llevar en ellos. Yo, que en mi vida había oído hablar de “voladoras”, pensé que aquel era un nombre muy apropiado para designar a unas zapatillas. Me lo adjudiqué, porque sonaba muy profesional. No corrí con voladoras. Corrí con los “clavos para todo”, que eran los únicos que tenía.

La mañana de aquel domingo, en la que el polo de la talla 14 me llegaba a las rodillas, debutaba, como os digo, con la selección madrileña. Debutaba también en la categoría Sub18. Vamos, que tenía pocas referencias. Así que, a la hora de correr, pues simplemente corrí. Recuerdo que sufrí mucho. Poco tiempo, porque solo eran 3000 metros, pero con mucha intensidad, que aquellas niñas iban muy rápido. Fui sexta en aquel debut.

Aunque ya no me llega a las rodillas, no os creáis que mi crecimiento ha seguido una regla de proporcionalidad directa. Aquí las “mates” han hecho de las suyas. El polo todavía me queda grande. Pero no tanto. Ayer, lo que me llegaba hasta las rodillas era la camiseta de calentamiento. Y, como os digo, el dilema de la tarde anterior era el calzado a usar durante la competición. Ojo. Que ya tengo voladoras. Ayer el pastel parecía tener unos ingredientes muy parecidos a los de aquella primera vez. Y es que, para rematar el cocinado, ayer también era para mí una “primera vez”. No una primera vez absoluta. Que sorprendí con las trenzas, pero la cinta os la vais conociendo. Ayer era una primera vez relativa. Mi debut en la categoría Sub23. No fui sexta, sino novena. No sé si corrí bien o mal. Sospecho que la balanza se inclina un poquito más hacia este segundo lado. Lo que sí sé es que di todo lo que tenía. Que corrí de menos a más. Que, si ese amable señor que te indicaba las vueltas que te quedaban, me hubiera dicho “una vuelta más”, le habría respondido que gustosamente la recorriera él. Sé que sufrí. Aunque acabo de ver las fotos, y en muchas asoma una medio sonrisita. Así que, para compensar la inclinación de mi balanza, diré que hay algo que sí que hice francamente bien en el día de ayer: no olvidarme de disfrutar mientras sufría. Estoy mezclando amargo y dulce. Ya sabéis que me gusta innovar.

Punto. Pero no final, eh. Solo punto y aparte. Que ya sabéis que mis crónicas son eso, crónicas a “partes”. Como las porciones de la tarta.

                 

PARTE II:

Hasta aquí os he hablado de mí. Sólo de mí. Pero ya está bien de hacerlo. Resulta que aún no os he contado la mejor parte. Ayer, las madrileñas fuimos ¡Subcampeonas de España por Federaciones! Suena bien, ¿verdad que sí? Por el hecho en sí, claro. Pero especialmente por las personas con las que lo estaba compartiendo. Alicia y yo, por ejemplo, nos conocemos desde hace ya unos cuantos añitos. Y con Almudena he compartido experiencias de toda índole, hasta en la montaña. Así que me hacía mucha ilusión subirme al pódium con ellas. No os lo voy a negar, me faltaba mi “Ana Patas Largas”. Era el primer viaje de este tipo en el que ella no estaba. Físicamente, claro. Para mí sí lo hacía. Tocó correr un poquito por ella.

Hasta diciembre era Sub20. Por consiguiente, con la mayoría de integrantes del equipo junior tengo también muy buena relación. Aquí también había una baja importante, la de “Mi Campeona Favorita”, alias Señorita Blanco. Así que también me tocaba correr un poquito por ella. Menos mal que en 10kms hay metros suficientes. Que no me falte nadie más. Que acabo corriendo 50 metros. Lo que os digo. Que a estas chicuelas les tengo mucho cariño. Las “benjaminas” también se subieron al segundo cajón global. Eso en cuanto a resultados. El análisis de los mismos os lo dejo a vosotros. Yo os hablo de lo que vi. Y lo que vi fue que se dejaron la piel. Todas y cada una de ellas.

Ayer, una de mis amigas Sub20 me preguntó que cuándo iba a escribir mi crónica. Paula, me lo has puesto a huevo para que hable de ti. En verdad, no tengo mucho más que decirte que lo que te escribí anoche: que estoy muy orgullosa de ti. Pero como anoche era anoche, y hoy es hoy, pues te lo repito. Así no se te olvida. A veces las cosas no salen. A ti y a todos. Pero, aunque no salgan, tenemos que seguir intentando que lo hagan. Siempre. Porque, al final, solo es cuestión de tiempo. Llevo dos fines de semana consecutivos viéndote llorar. Te pones muy fea cuando lloras. Que lo sepas. Así que más te vale no derramar ni una lágrima más, eh. Estás avisada. Por cierto. No sé si te lo he dicho ya. Sí. Eso. Que estoy muy orgullosa de ti.                                                                                                                      

PARTE III:

Me estaba yo preguntando por qué dividir la crónica en dos aburridas partes, pudiendo hacerlo en tres maravillosos tercios. Con lo que me gustan a mí los tercios. Como no he encontrado ninguna respuesta negativa, he aplicado una de las premisas científicas. ¿Que no hay excepción? Pues, estupendamente, la regla es universal. Así que esta crónica va a tener tres partes.

No quiero descuidar mi labor divulgativa, eh. No os vayáis a pensar que se me han acabado las ideas “físicas”. Ni mucho menos. Así que hoy vamos a hablar de un concepto que, más que físico, es matemático. Linealidad. Estamos cambiando de bañador, lo sé, pero en el fondo seguimos nadando en las mismas aguas.

El otro día, durante la presentación de una de las nuevas asignaturas de este cuatrimestre, el “profe” nos dijo algo que me caló bastante. Por no salir del agua, lo del calado. “Lo bonito está en lo no lineal”. Vamos. No me digáis que no es para darle al buen hombre un sonoro aplauso. Pues sí. Pero es que, además, es totalmente cierto. Universal. ¡Como las mates!

Las ecuaciones que rigen el mundo no son en absoluto lineales, aunque simplifiquemos. Lo hacemos para poder entenderlas. Con la vida, creo yo, sucede algo similar. No es lineal, no. En absoluto. Es una función muy complicada. Espero no tener que pintarla en ningún examen. No sabría discutir su movimiento, ni obtener sus máximos. La vida tiene muchas curvas y da muchas vueltas. Cualquier cosa que merezca la pena, si lo pensáis, está repleta de giros. De recovecos. Es complicado no pisar de vez en cuando la raya cuando la curva es muy cerrada. Y encima con peralte. No importa hacerlo. Nos quedan tantas vueltas que un pequeño tropiezo es insignificante. Sigamos dando vueltas. Ya sabéis. “Lo bonito está en lo no lineal”. Y esta vez no lo digo yo. Gracias por acompañarme en este nuevo capítulo curvado.



domingo, 23 de enero de 2022

MÁQUINAS DE CARNOT. CABALLO CUATROCENTISTA

 CRÓNICA CAMPEONATO AUTONÓMICO DE CLUBES PC

PARTE I: Máquinas de Carnot

Hoy, para que no me acuséis de irme por los cerros de Úbeda, vamos a empezar hablando de algo que a los atletas nos interesa mucho: rendimiento. Así que os quiero bien atentos. Máximo rendimiento, para ir entrando en materia.

Hace muchos años, a un joven francés le dio por pensar en eso del rendimiento. No hacía atletismo, no, pero era un chico listo. Se llamaba Nicolas Léonard Sadi Carnot. Carnot para los amigos. Y también para los no amigos. Que tres nombres son muchos nombres. Seguro que os suena un poco. Pues este chico, que no llegó a arrojar retoños al mundo, fue el Padre de la Termodinámica. La Química de la Física.

Seguro que muchas veces os habéis planteado cómo sería funcionar como una máquina, ¿verdad? Programar un ritmo y cumplir con él rigurosamente. Rendir al máximo. Menudo chollo. Pues siento daros una mala noticia. Bueno. Yo no, si no mi amigo Carnot. No es posible. De verdad. Carnot demostró que existe un rendimiento máximo, sí. Pero que ninguna máquina real puede alcanzarlo. De hecho, entre ambos rendimientos, ideal y real, hay mucha distancia. Como de aquí a Francia. Por lo menos. 

Eso hablando de máquinas. Que nosotros ni siquiera lo somos. Si el lavavajillas no puede rendir al máximo, ¡cómo no van a quedar restos cuando fregamos nosotros los cacharros! Ya puede Fairy prometernos maravillas. Que no. Pues corriendo es lo mismo. Buscamos mejorar. Siempre se puede restregar un poquito más. Pero no podemos eliminar hasta el más minúsculo átomo de suciedad. No podemos correr eternamente más rápido. Tenemos un tope. Parte mala. Que existe el techo. Pero es que también hay una parte buena. Que no hay límite a la hora de salir a buscarlo.

Veréis cómo, en el fondo, hasta me dais la razón. Reconoced que es mucho más divertido llenarse de agua y espuma lavando a mano que darle al botón de programa corto en la lavadora. Carnot, te perdonamos. Aunque, hombre, un poco aguafiestas sí que eres, así que los platos de esta noche los friegas tú.

PARTE II:

Eso de “estrategia” me ha parecido siempre de partida de ajedrez de sobremesa. O de Hundir la flota en una tarde de domingo. Las carreras estratégicas, la verdad, me dan la sensación de no estar utilizando todas las piezas.

Ayer, poco antes de encarar las 15 vueltas, tenía yo todos mis pequeños peones colocaditos en sus casillas. La verdad, no os lo voy a negar, es que me apetecía intentar correr rápido. Tampoco es una novedad, vaya. Pero resulta que era un campeonato. Y por clubes. Quizá la no-estrategia “correr como pollo sin cabeza” no era la más adecuada. “Ya tendrás tiempo de desbocarte”, le decía mi reina a mi caballo. “Hoy me dejas a mí las riendas”. Así que mi pobrecito caballo agachó la cabecita y empezó mansamente al trote.

Tengo que confesaros que mi padre siempre me ganaba al ajedrez. Es que la estrategia y yo… Nunca hemos tenido una relación muy estrecha. Ayer descubrí que todavía tenemos que hacer las paces. Al final solo pude ser segunda. No sentía, desde luego, que el caballo estuviera galopando. Pero eso es una buena noticia. Porque, después, resultó que tampoco iba al paso, como yo sentía. Digamos, sí, que iba al trote. 9.48. También segunda: mi segunda mejor marca de siempre.

Como mi caballo se quedó con ganas, dejamos hasta las herraduras puestas. “Que quieres correr, ¿eh? Pues vas a correr”. Tercera posta del 4x400. Ya manejo hasta la jerga velocista. Para que veáis. Es IMPRESIONANTE la cantidad de cosas que podrían haber salido mal. Tirar el palitroque. Perdón, el testigo. Salir antes de tiempo. Pisar la raya. Que me doblaran. Así un largo etcétera. Pues, oye, no salió mal ninguna. E incluso me lo pasé bien. De mi rendimiento no vamos a hablar, eh. Que ese tema lo acabamos de abordar.

Ayer fue una tarde estupenda, la verdad. Me quedé con ganas. Con muchas ganas. De volver a correr. Pero, también, y especialmente, de hacerlo con los míos animando desde la grada. Vienen más 3000s. Pero juntos. Los tresmiles y nosotros. Siempre.



 

lunes, 17 de enero de 2022

Lo prometido es deuda

 CRÓNICA CAMPEONATO DE MADRID DE CROSS INDIVIDUAL

PARTE I:

Que sí. Que la crónica es de correr, ya lo sé. Que esas “cosas raras” que estudio a veces no os interesan. Me las puedo quedar yo. Pero es que hoy me vais a tener que dar la razón, ya veréis, con esto de que la vida se parece mucho a la Física. El otro día me decías, César, que, al final, todo se reduce a hacer mil y una aproximaciones. Eso decía también mi profe de Mecánica, mientras nos explicaba el lagrangiano: “suponemos esto, suponemos lo otro, y al final el movimiento se reduce a la ecuación del oscilador armónico”.

Vale. Ya. Se acabó. Pero es que el atletismo es un auténtico oscilador armónico. Un péndulo, vaya, para los de letras. Funciona en periodos. A veces, las menos, uno vive periodos maravillosos. El péndulo oscila de lado a lado sin problema. Pero, muchas otras, la mayoría, los engranajes se atascan. Las cosas no salen. Uno lo intenta, pero hay algo que no funciona.

Soy inconformista. Mucho. Pero no soy estúpida. Soy consciente, plenamente consciente, de que llevo ya varios meses viviendo uno de esos periodos de amplitud perfecta, de oscilaciones limpias. Esto es atletismo, así que diré que se trata de un periodo de buenos resultados. Buenos, que podrían ser mejores. De ahí que diga que soy inconformista. Me gustaría que este periodo de mi vida durara lo máximo posible. Porque está bien, y me lo estoy pasando bien. Pero no, no soy estúpida. Sé que también me va a tocar saborear la otra cara. La amarga. La de remar contracorriente y tener que desatascar el engranaje. No me importa. Tengo las herramientas. Las que, poco a poco, estoy adquiriendo yo. Y las que me brindan todos los que me acompañan en el camino. Porque resulta que eso es independiente del periodo, mira. Los buenos mecánicos no tienen miedo de mancharse las manos manipulando engranajes. Ellos, mis mecánicos, sacarán la llave inglesa cuando me toque oscilar en la otra mitad de la rueda de la vida. Por eso, la victoria de hoy, que es también mi primer título como Sub23, va por ellos. Mis mecánicos. Seguimos picando piedra. Aunque eso no sea de mecánicos, sino de mineros (o de picapedreros). No importa.

PARTE II:

Es jueves por la mañana. Pasan unos 15 minutos de las 9. He conseguido sobrevivir a la batalla campal en la que se convierte la calle Arturo Soria de lunes a viernes. Con lo tranquilito que se puede rodar un domingo, caray. Giro de 180 para acceder al parque. A veces de algunos grados más, que me cierran una de las puertas, y uno debe andarse con cuidado. Os lo digo yo, que, como sabéis, soy tan cuidadosa. Bajo la cuesta imaginando lo divertido que sería hacerla subiendo. Llego a la explanada, de camino hacia el banco junto al que hacemos la técnica. Isidro también está llegando. Le grito que es un lento y le saco la lengua. Paro el crono. Me paro yo. Subo la mirada para comprobar si está Chechu. Cuando veo un cuerpo fino corriendo rápido, me sonrío. Está Chechu. Es una de las mejores partes de los jueves por la mañana. Hablar con él, digo. Verle correr también. Especialmente ahora que lo hace con los colores de la familia Suanzes.

No está el cuadro completo, no. Me falta Rafael. 80 años recién cumplidos (casi como yo los 20), y una precisión mayor que la mía cuando toca dar muchas vueltas. No falla el hombre. Desde que nos conocimos no ha cursado baja más de un par de jueves. Al principio, me veía correr de lejos. Después, qué leches, con la buena perspectiva que hay en el banco del extremo del parque. Posición privilegiada, y encima sentadito. Le faltan al hombre las palomitas, y de cine, nunca mejor dicho. 80 años, sí, pero no sabéis lo actualizado que está. Séptima en Itálica, sí, pero sexta española. Que ya había visto él que esa que me adelantaba al final era portuguesa. El otro día le llevé a mi amigo Rafael un pequeño recuerdo que le había traído de Dublín. Dedicado. De repente me miró muy serio. Que quién era Rafael, me dijo. ¡Pero bueno! ¡Cómo que quién es Rafael! Que no, que no. Que él era Manuel. M-A-N-U-E-L. ¿Cómo era aquello? Ah, sí, “tierra trágame”. Pues eso, tierra trágame.

Acabo de terminar la última serie. “Isidro, ¿puedo hacer una serie más? “¡Nooooo! A soltar. ¡Despacio!”. Pues nada, a soltar se ha dicho. Pero eso de “despacio” ya lo veremos. Porque mientras suelto, de camino al club, Isidro baja en coche. Evidentemente, no me puede ganar Isidro. Ni su coche. El último día perdí, tengo que reconocerlo. Pero es que Isidro pilló todos los semáforos en verde. Eso es trampa. Así que, normalmente, cuando llego al club y compruebo que soy la primera, sonrío. Ya venía sonriendo mientras soltaba. Pero sonrío más. En ese momento, me doy cuenta de que ya se ha acabado mi mañana de jueves. La atlética, se entiende. Pero no os creáis que dejo de sonreír. Porque sé que ya quedan menos horas para el próximo jueves.


sábado, 1 de enero de 2022

The Last Dance

 TRIPLE “F”: FANTÁSTICO FIN DE FIESTA

 PARTE I. 2021: PERDÓN Y GRACIAS

Me toca escribir sobre un año que he despedido corriendo. Un año durante el cual, además de carreras, también ha habido despedidas. Despedidas a secas. Por eso, esta, la primera parte de la despedida definitiva, empieza con un “perdón”. Perdón por las veces que no he estado a la altura y por las despedidas que no habrían tenido por qué serlo.

Algunas despedidas, sí, pero muchas permanencias. Por eso también hay un “gracias”. Un gracias en minúsculas que es, en verdad, un GRACIAS mayúsculo. A ti, Miguel, por ese viaje Itálica-Madrid. Porque en su día no entendí aquello que me dijiste: que la clave del éxito no era sólo el talento, sino también la continuidad. ¡Qué ciertas han resultado ser tus palabras! Y qué afortunada me siento por poder seguir escuchándolas. Gracias a ti, Dani, por aquello que escribiste al volver de Liencres: que, para ti, ya era Campeona de España antes de serlo. Gracias por ser como eres. Molas mucho. ¿Sabes una cosa, Ana? Te tengo agregada en Whatsapp como “Ana Superwoman”. Nunca he sido muy de superhéroes, pero tú has sido siempre para mí una heroína. Gracias. Tamara, no te enfades, eh, que tú también lo eres. Pero es que a ti quería darte las gracias por la cinta naranja que me regalaste aquel día en que yo tenía que intentar ayudarte ... y no pude. Si te daba también las gracias por ser una inspiración para mí, iban a tildarte de abusona. ¡Cabra loca! Sí, hijo, sí. Me refiero a ti, Sergio. Que íbamos a ser campeones de Madrid de montaña, y no lo fuimos para que yo pudiera, en cambio, ser subcampeona de Europa de cross. “Ni de coña te vuelvas a quedar en tierra, gili”, me escribiste el 1 de octubre. ¿Te acuerdas dónde estábamos el 12 de diciembre? Chicos, calentad, que salís. Mi Sector Serio. Mis físicos en proyecto. Más atletismo aprendido en dos años que flujos eléctricos calculados durante este cuatrimestre. Al menos yo os llevo bombones, que el profe de “Electro” nos regala “controlillos”.

Vosotros, mi núcleo duro. Mamá, Papá, Isidro. Silvia, Emilio, David. Familia. Para vosotros hay un “gracias” siempre. Por eso, hoy quería dedicar mi “gracias” a todos los que, aunque quizá en un segundo plano, también forman parte de esto. Y aunque me gustaría incluir muchos más nombres, no puedo. También me gustaría poder correr durante dos horas seguidas, y tampoco puedo. Como no puedo, quiero incluiros a todos en este último GRACIAS. Gracias por animarme, acompañarme, felicitarme y ayudarme a crecer.

PARTE II. 2021: LO QUE CAMBIA

Todos los años cambian cosas. De hecho, hay cosas que cambian todos los días. Nosotros mismos, por ejemplo, no hacemos más que cambiar a cada instante. De eso, de instantes, pero sobre todo de cambios, quiero hablaros en esta segunda parte de mi crónica final. Hoy, 1 de enero, ya se ha producido para mí el primer cambio. He dejado atrás la categoría Sub20. La júnior que ganó ayer la carrera de sus sueños ha dejado de serlo. Atrás quedan cuatro años (dos como Sub18 y dos como Sub20) de un aprendizaje constante. Un crecimiento diario. Cuatro años repletos de experiencias que han colmado mi mochila roja. Cuatro años de muchas curvas. A la pista, pero también a mí misma. Cuatro años picando piedra para tratar de construir el edificio de mi vida. Ayer acabó un ciclo de cuatro años. Como un ciclo olímpico. Sin Juegos de por medio, pero sí con mucho juego. Porque hasta aquí no ha dejado de ser eso, un juego. Un juego precioso, dotado de sus propias reglas. A veces he intentado imponer las mías. No ha funcionado. He perdido algunas partidas, pero siempre he podido disfrutar de las revanchas. La partida inicial del primer nivel del juego acaba aquí. La próxima vez que me ponga un dorsal ya no seré una atleta júnior. Durante los próximos tres años de mi vida, de hecho, seré una atleta “promesa”. Pero como no me gusta nada esa palabra, diré que durante los próximos tres años de mi vida seré el definitivo proyecto de atleta. La antesala a la categoría absoluta. El paso previo para convertirme en aquello que siempre he querido ser. Sé que van a ser años difíciles. Que voy a perder mucho antes de poder ganar algo. Que voy a seguir tragándome muchos árboles. Siempre están en mitad del camino. Sé que voy a tener que trabajar mucho. Que confiar mucho. Que pelear mucho. Pero también sé que es lo que quiero. Sé que lo quiero mucho, mucho, mucho. Por eso, aunque de vez en cuando el viento me haga tambalearme, voy a seguir disfrutando de lo maravilloso que es vivir despeinado. Y, aunque despeinada, yo no dejaré de ponerme mi cinta. Por eso os pido, a vosotros, que no dejéis de buscarla


PARTE III. 2021: LO QUE PERMANECE

Lo que cambia es importante. Lo que permanece, esencial. Así que vamos ahora a hablar de eso, de lo esencial. Vamos a hablar de lo que no cambia. Ni este año ni los venideros.

No cambian, en sentido estricto, los colores. Que os he acostumbrado al naranja y sería un choque visual trocarlo en fucsia. Pero es que tampoco en el sentido figurado cambian los colores. Tres factorial. Seis para los de letras. Es el número de temporadas que llevo en casa, que llevo en Suanzes. Hoy ha empezado, oficialmente, la séptima. Eso no sé transformarlo en factorial. Así que siete a secas. 7 de 19.

Me gusta distribuir las cosas en tercios. Y 7 de 19, fíjate tú, es casi un tercio. Sí, me gustan los tercios. Mi primer tercio en el club fue como aprender a nadar. Poquito a poco. Las puntas. Mi segundo tercio, la zambullida. De cabeza y sin pensar. Así acabé de chichones. Que la piscina cubría, Claudia, y tú te creíste nadadora experimentada. Betadine y tiritas. Compeed ya no, Emilio, no te preocupes. Ahora siempre Linitul. Como todo cicatriza, durante el último tercio he hecho algunas piruetas chulas. Desde el trampolín alto. Pero no os creáis que he llegado al final de la piscina. Ya he cubierto 25 metros, pero es que la piscina es de 50. Y cuando toque pared, será tan fácil como dar la vuelta y seguir nadando.

Mi piscina es mi club. Mi casa. Mi familia. No necesito salir del agua. Porque ahora nado muy bien, pero no se me olvida que allí estuvieron ellos también cuando me costaba mantenerme a flote. Sé que sois eso, el flotador al que agarrarme cuando esté cansada. La toalla para secarme. Las gafas para que no me entre agua en los ojos. Sé que sois el “pack piscina” al completo. Detrás de cada largo. Buscando conmigo la siguiente brazada. Familia Suanzes, nunca podré agradeceros lo suficiente la calidez de vuestro albornoz al salir del agua. Por eso, porque sé que no puedo, hago lo único que se me ocurre para devolvéroslo: seguir nadando en la piscina de siempre. Vamos a construir, juntos, nuevas historias de agua.


CRÓNICA XXXIV MILLA DE SUANZES

  PARTE I: Mi primera “milla” no fue una milla, sino un kilómetro. Desde aquel lejano septiembre, no me he perdido ninguna edición. Vale, ...