lunes, 31 de enero de 2022

CAMPEONATO DE ESPAÑA DE CROSS

 CRÓNICA CAMPEONATO DE ESPAÑA DE CROSS INDIVIDUAL Y POR FEDERACIONES

PARTE I:

La primera vez que vestí la camiseta de estrellas, hace 5 años, el circuito era muy parecido al de ayer. La tarde anterior, cuando el autobús nos dejó a los pies del mismo, todo el mundo hablaba precisamente de eso, de pies. Bueno, de qué llevar en ellos. Yo, que en mi vida había oído hablar de “voladoras”, pensé que aquel era un nombre muy apropiado para designar a unas zapatillas. Me lo adjudiqué, porque sonaba muy profesional. No corrí con voladoras. Corrí con los “clavos para todo”, que eran los únicos que tenía.

La mañana de aquel domingo, en la que el polo de la talla 14 me llegaba a las rodillas, debutaba, como os digo, con la selección madrileña. Debutaba también en la categoría Sub18. Vamos, que tenía pocas referencias. Así que, a la hora de correr, pues simplemente corrí. Recuerdo que sufrí mucho. Poco tiempo, porque solo eran 3000 metros, pero con mucha intensidad, que aquellas niñas iban muy rápido. Fui sexta en aquel debut.

Aunque ya no me llega a las rodillas, no os creáis que mi crecimiento ha seguido una regla de proporcionalidad directa. Aquí las “mates” han hecho de las suyas. El polo todavía me queda grande. Pero no tanto. Ayer, lo que me llegaba hasta las rodillas era la camiseta de calentamiento. Y, como os digo, el dilema de la tarde anterior era el calzado a usar durante la competición. Ojo. Que ya tengo voladoras. Ayer el pastel parecía tener unos ingredientes muy parecidos a los de aquella primera vez. Y es que, para rematar el cocinado, ayer también era para mí una “primera vez”. No una primera vez absoluta. Que sorprendí con las trenzas, pero la cinta os la vais conociendo. Ayer era una primera vez relativa. Mi debut en la categoría Sub23. No fui sexta, sino novena. No sé si corrí bien o mal. Sospecho que la balanza se inclina un poquito más hacia este segundo lado. Lo que sí sé es que di todo lo que tenía. Que corrí de menos a más. Que, si ese amable señor que te indicaba las vueltas que te quedaban, me hubiera dicho “una vuelta más”, le habría respondido que gustosamente la recorriera él. Sé que sufrí. Aunque acabo de ver las fotos, y en muchas asoma una medio sonrisita. Así que, para compensar la inclinación de mi balanza, diré que hay algo que sí que hice francamente bien en el día de ayer: no olvidarme de disfrutar mientras sufría. Estoy mezclando amargo y dulce. Ya sabéis que me gusta innovar.

Punto. Pero no final, eh. Solo punto y aparte. Que ya sabéis que mis crónicas son eso, crónicas a “partes”. Como las porciones de la tarta.

                 

PARTE II:

Hasta aquí os he hablado de mí. Sólo de mí. Pero ya está bien de hacerlo. Resulta que aún no os he contado la mejor parte. Ayer, las madrileñas fuimos ¡Subcampeonas de España por Federaciones! Suena bien, ¿verdad que sí? Por el hecho en sí, claro. Pero especialmente por las personas con las que lo estaba compartiendo. Alicia y yo, por ejemplo, nos conocemos desde hace ya unos cuantos añitos. Y con Almudena he compartido experiencias de toda índole, hasta en la montaña. Así que me hacía mucha ilusión subirme al pódium con ellas. No os lo voy a negar, me faltaba mi “Ana Patas Largas”. Era el primer viaje de este tipo en el que ella no estaba. Físicamente, claro. Para mí sí lo hacía. Tocó correr un poquito por ella.

Hasta diciembre era Sub20. Por consiguiente, con la mayoría de integrantes del equipo junior tengo también muy buena relación. Aquí también había una baja importante, la de “Mi Campeona Favorita”, alias Señorita Blanco. Así que también me tocaba correr un poquito por ella. Menos mal que en 10kms hay metros suficientes. Que no me falte nadie más. Que acabo corriendo 50 metros. Lo que os digo. Que a estas chicuelas les tengo mucho cariño. Las “benjaminas” también se subieron al segundo cajón global. Eso en cuanto a resultados. El análisis de los mismos os lo dejo a vosotros. Yo os hablo de lo que vi. Y lo que vi fue que se dejaron la piel. Todas y cada una de ellas.

Ayer, una de mis amigas Sub20 me preguntó que cuándo iba a escribir mi crónica. Paula, me lo has puesto a huevo para que hable de ti. En verdad, no tengo mucho más que decirte que lo que te escribí anoche: que estoy muy orgullosa de ti. Pero como anoche era anoche, y hoy es hoy, pues te lo repito. Así no se te olvida. A veces las cosas no salen. A ti y a todos. Pero, aunque no salgan, tenemos que seguir intentando que lo hagan. Siempre. Porque, al final, solo es cuestión de tiempo. Llevo dos fines de semana consecutivos viéndote llorar. Te pones muy fea cuando lloras. Que lo sepas. Así que más te vale no derramar ni una lágrima más, eh. Estás avisada. Por cierto. No sé si te lo he dicho ya. Sí. Eso. Que estoy muy orgullosa de ti.                                                                                                                      

PARTE III:

Me estaba yo preguntando por qué dividir la crónica en dos aburridas partes, pudiendo hacerlo en tres maravillosos tercios. Con lo que me gustan a mí los tercios. Como no he encontrado ninguna respuesta negativa, he aplicado una de las premisas científicas. ¿Que no hay excepción? Pues, estupendamente, la regla es universal. Así que esta crónica va a tener tres partes.

No quiero descuidar mi labor divulgativa, eh. No os vayáis a pensar que se me han acabado las ideas “físicas”. Ni mucho menos. Así que hoy vamos a hablar de un concepto que, más que físico, es matemático. Linealidad. Estamos cambiando de bañador, lo sé, pero en el fondo seguimos nadando en las mismas aguas.

El otro día, durante la presentación de una de las nuevas asignaturas de este cuatrimestre, el “profe” nos dijo algo que me caló bastante. Por no salir del agua, lo del calado. “Lo bonito está en lo no lineal”. Vamos. No me digáis que no es para darle al buen hombre un sonoro aplauso. Pues sí. Pero es que, además, es totalmente cierto. Universal. ¡Como las mates!

Las ecuaciones que rigen el mundo no son en absoluto lineales, aunque simplifiquemos. Lo hacemos para poder entenderlas. Con la vida, creo yo, sucede algo similar. No es lineal, no. En absoluto. Es una función muy complicada. Espero no tener que pintarla en ningún examen. No sabría discutir su movimiento, ni obtener sus máximos. La vida tiene muchas curvas y da muchas vueltas. Cualquier cosa que merezca la pena, si lo pensáis, está repleta de giros. De recovecos. Es complicado no pisar de vez en cuando la raya cuando la curva es muy cerrada. Y encima con peralte. No importa hacerlo. Nos quedan tantas vueltas que un pequeño tropiezo es insignificante. Sigamos dando vueltas. Ya sabéis. “Lo bonito está en lo no lineal”. Y esta vez no lo digo yo. Gracias por acompañarme en este nuevo capítulo curvado.



domingo, 23 de enero de 2022

MÁQUINAS DE CARNOT. CABALLO CUATROCENTISTA

 CRÓNICA CAMPEONATO AUTONÓMICO DE CLUBES PC

PARTE I: Máquinas de Carnot

Hoy, para que no me acuséis de irme por los cerros de Úbeda, vamos a empezar hablando de algo que a los atletas nos interesa mucho: rendimiento. Así que os quiero bien atentos. Máximo rendimiento, para ir entrando en materia.

Hace muchos años, a un joven francés le dio por pensar en eso del rendimiento. No hacía atletismo, no, pero era un chico listo. Se llamaba Nicolas Léonard Sadi Carnot. Carnot para los amigos. Y también para los no amigos. Que tres nombres son muchos nombres. Seguro que os suena un poco. Pues este chico, que no llegó a arrojar retoños al mundo, fue el Padre de la Termodinámica. La Química de la Física.

Seguro que muchas veces os habéis planteado cómo sería funcionar como una máquina, ¿verdad? Programar un ritmo y cumplir con él rigurosamente. Rendir al máximo. Menudo chollo. Pues siento daros una mala noticia. Bueno. Yo no, si no mi amigo Carnot. No es posible. De verdad. Carnot demostró que existe un rendimiento máximo, sí. Pero que ninguna máquina real puede alcanzarlo. De hecho, entre ambos rendimientos, ideal y real, hay mucha distancia. Como de aquí a Francia. Por lo menos. 

Eso hablando de máquinas. Que nosotros ni siquiera lo somos. Si el lavavajillas no puede rendir al máximo, ¡cómo no van a quedar restos cuando fregamos nosotros los cacharros! Ya puede Fairy prometernos maravillas. Que no. Pues corriendo es lo mismo. Buscamos mejorar. Siempre se puede restregar un poquito más. Pero no podemos eliminar hasta el más minúsculo átomo de suciedad. No podemos correr eternamente más rápido. Tenemos un tope. Parte mala. Que existe el techo. Pero es que también hay una parte buena. Que no hay límite a la hora de salir a buscarlo.

Veréis cómo, en el fondo, hasta me dais la razón. Reconoced que es mucho más divertido llenarse de agua y espuma lavando a mano que darle al botón de programa corto en la lavadora. Carnot, te perdonamos. Aunque, hombre, un poco aguafiestas sí que eres, así que los platos de esta noche los friegas tú.

PARTE II:

Eso de “estrategia” me ha parecido siempre de partida de ajedrez de sobremesa. O de Hundir la flota en una tarde de domingo. Las carreras estratégicas, la verdad, me dan la sensación de no estar utilizando todas las piezas.

Ayer, poco antes de encarar las 15 vueltas, tenía yo todos mis pequeños peones colocaditos en sus casillas. La verdad, no os lo voy a negar, es que me apetecía intentar correr rápido. Tampoco es una novedad, vaya. Pero resulta que era un campeonato. Y por clubes. Quizá la no-estrategia “correr como pollo sin cabeza” no era la más adecuada. “Ya tendrás tiempo de desbocarte”, le decía mi reina a mi caballo. “Hoy me dejas a mí las riendas”. Así que mi pobrecito caballo agachó la cabecita y empezó mansamente al trote.

Tengo que confesaros que mi padre siempre me ganaba al ajedrez. Es que la estrategia y yo… Nunca hemos tenido una relación muy estrecha. Ayer descubrí que todavía tenemos que hacer las paces. Al final solo pude ser segunda. No sentía, desde luego, que el caballo estuviera galopando. Pero eso es una buena noticia. Porque, después, resultó que tampoco iba al paso, como yo sentía. Digamos, sí, que iba al trote. 9.48. También segunda: mi segunda mejor marca de siempre.

Como mi caballo se quedó con ganas, dejamos hasta las herraduras puestas. “Que quieres correr, ¿eh? Pues vas a correr”. Tercera posta del 4x400. Ya manejo hasta la jerga velocista. Para que veáis. Es IMPRESIONANTE la cantidad de cosas que podrían haber salido mal. Tirar el palitroque. Perdón, el testigo. Salir antes de tiempo. Pisar la raya. Que me doblaran. Así un largo etcétera. Pues, oye, no salió mal ninguna. E incluso me lo pasé bien. De mi rendimiento no vamos a hablar, eh. Que ese tema lo acabamos de abordar.

Ayer fue una tarde estupenda, la verdad. Me quedé con ganas. Con muchas ganas. De volver a correr. Pero, también, y especialmente, de hacerlo con los míos animando desde la grada. Vienen más 3000s. Pero juntos. Los tresmiles y nosotros. Siempre.



 

lunes, 17 de enero de 2022

Lo prometido es deuda

 CRÓNICA CAMPEONATO DE MADRID DE CROSS INDIVIDUAL

PARTE I:

Que sí. Que la crónica es de correr, ya lo sé. Que esas “cosas raras” que estudio a veces no os interesan. Me las puedo quedar yo. Pero es que hoy me vais a tener que dar la razón, ya veréis, con esto de que la vida se parece mucho a la Física. El otro día me decías, César, que, al final, todo se reduce a hacer mil y una aproximaciones. Eso decía también mi profe de Mecánica, mientras nos explicaba el lagrangiano: “suponemos esto, suponemos lo otro, y al final el movimiento se reduce a la ecuación del oscilador armónico”.

Vale. Ya. Se acabó. Pero es que el atletismo es un auténtico oscilador armónico. Un péndulo, vaya, para los de letras. Funciona en periodos. A veces, las menos, uno vive periodos maravillosos. El péndulo oscila de lado a lado sin problema. Pero, muchas otras, la mayoría, los engranajes se atascan. Las cosas no salen. Uno lo intenta, pero hay algo que no funciona.

Soy inconformista. Mucho. Pero no soy estúpida. Soy consciente, plenamente consciente, de que llevo ya varios meses viviendo uno de esos periodos de amplitud perfecta, de oscilaciones limpias. Esto es atletismo, así que diré que se trata de un periodo de buenos resultados. Buenos, que podrían ser mejores. De ahí que diga que soy inconformista. Me gustaría que este periodo de mi vida durara lo máximo posible. Porque está bien, y me lo estoy pasando bien. Pero no, no soy estúpida. Sé que también me va a tocar saborear la otra cara. La amarga. La de remar contracorriente y tener que desatascar el engranaje. No me importa. Tengo las herramientas. Las que, poco a poco, estoy adquiriendo yo. Y las que me brindan todos los que me acompañan en el camino. Porque resulta que eso es independiente del periodo, mira. Los buenos mecánicos no tienen miedo de mancharse las manos manipulando engranajes. Ellos, mis mecánicos, sacarán la llave inglesa cuando me toque oscilar en la otra mitad de la rueda de la vida. Por eso, la victoria de hoy, que es también mi primer título como Sub23, va por ellos. Mis mecánicos. Seguimos picando piedra. Aunque eso no sea de mecánicos, sino de mineros (o de picapedreros). No importa.

PARTE II:

Es jueves por la mañana. Pasan unos 15 minutos de las 9. He conseguido sobrevivir a la batalla campal en la que se convierte la calle Arturo Soria de lunes a viernes. Con lo tranquilito que se puede rodar un domingo, caray. Giro de 180 para acceder al parque. A veces de algunos grados más, que me cierran una de las puertas, y uno debe andarse con cuidado. Os lo digo yo, que, como sabéis, soy tan cuidadosa. Bajo la cuesta imaginando lo divertido que sería hacerla subiendo. Llego a la explanada, de camino hacia el banco junto al que hacemos la técnica. Isidro también está llegando. Le grito que es un lento y le saco la lengua. Paro el crono. Me paro yo. Subo la mirada para comprobar si está Chechu. Cuando veo un cuerpo fino corriendo rápido, me sonrío. Está Chechu. Es una de las mejores partes de los jueves por la mañana. Hablar con él, digo. Verle correr también. Especialmente ahora que lo hace con los colores de la familia Suanzes.

No está el cuadro completo, no. Me falta Rafael. 80 años recién cumplidos (casi como yo los 20), y una precisión mayor que la mía cuando toca dar muchas vueltas. No falla el hombre. Desde que nos conocimos no ha cursado baja más de un par de jueves. Al principio, me veía correr de lejos. Después, qué leches, con la buena perspectiva que hay en el banco del extremo del parque. Posición privilegiada, y encima sentadito. Le faltan al hombre las palomitas, y de cine, nunca mejor dicho. 80 años, sí, pero no sabéis lo actualizado que está. Séptima en Itálica, sí, pero sexta española. Que ya había visto él que esa que me adelantaba al final era portuguesa. El otro día le llevé a mi amigo Rafael un pequeño recuerdo que le había traído de Dublín. Dedicado. De repente me miró muy serio. Que quién era Rafael, me dijo. ¡Pero bueno! ¡Cómo que quién es Rafael! Que no, que no. Que él era Manuel. M-A-N-U-E-L. ¿Cómo era aquello? Ah, sí, “tierra trágame”. Pues eso, tierra trágame.

Acabo de terminar la última serie. “Isidro, ¿puedo hacer una serie más? “¡Nooooo! A soltar. ¡Despacio!”. Pues nada, a soltar se ha dicho. Pero eso de “despacio” ya lo veremos. Porque mientras suelto, de camino al club, Isidro baja en coche. Evidentemente, no me puede ganar Isidro. Ni su coche. El último día perdí, tengo que reconocerlo. Pero es que Isidro pilló todos los semáforos en verde. Eso es trampa. Así que, normalmente, cuando llego al club y compruebo que soy la primera, sonrío. Ya venía sonriendo mientras soltaba. Pero sonrío más. En ese momento, me doy cuenta de que ya se ha acabado mi mañana de jueves. La atlética, se entiende. Pero no os creáis que dejo de sonreír. Porque sé que ya quedan menos horas para el próximo jueves.


sábado, 1 de enero de 2022

The Last Dance

 TRIPLE “F”: FANTÁSTICO FIN DE FIESTA

 PARTE I. 2021: PERDÓN Y GRACIAS

Me toca escribir sobre un año que he despedido corriendo. Un año durante el cual, además de carreras, también ha habido despedidas. Despedidas a secas. Por eso, esta, la primera parte de la despedida definitiva, empieza con un “perdón”. Perdón por las veces que no he estado a la altura y por las despedidas que no habrían tenido por qué serlo.

Algunas despedidas, sí, pero muchas permanencias. Por eso también hay un “gracias”. Un gracias en minúsculas que es, en verdad, un GRACIAS mayúsculo. A ti, Miguel, por ese viaje Itálica-Madrid. Porque en su día no entendí aquello que me dijiste: que la clave del éxito no era sólo el talento, sino también la continuidad. ¡Qué ciertas han resultado ser tus palabras! Y qué afortunada me siento por poder seguir escuchándolas. Gracias a ti, Dani, por aquello que escribiste al volver de Liencres: que, para ti, ya era Campeona de España antes de serlo. Gracias por ser como eres. Molas mucho. ¿Sabes una cosa, Ana? Te tengo agregada en Whatsapp como “Ana Superwoman”. Nunca he sido muy de superhéroes, pero tú has sido siempre para mí una heroína. Gracias. Tamara, no te enfades, eh, que tú también lo eres. Pero es que a ti quería darte las gracias por la cinta naranja que me regalaste aquel día en que yo tenía que intentar ayudarte ... y no pude. Si te daba también las gracias por ser una inspiración para mí, iban a tildarte de abusona. ¡Cabra loca! Sí, hijo, sí. Me refiero a ti, Sergio. Que íbamos a ser campeones de Madrid de montaña, y no lo fuimos para que yo pudiera, en cambio, ser subcampeona de Europa de cross. “Ni de coña te vuelvas a quedar en tierra, gili”, me escribiste el 1 de octubre. ¿Te acuerdas dónde estábamos el 12 de diciembre? Chicos, calentad, que salís. Mi Sector Serio. Mis físicos en proyecto. Más atletismo aprendido en dos años que flujos eléctricos calculados durante este cuatrimestre. Al menos yo os llevo bombones, que el profe de “Electro” nos regala “controlillos”.

Vosotros, mi núcleo duro. Mamá, Papá, Isidro. Silvia, Emilio, David. Familia. Para vosotros hay un “gracias” siempre. Por eso, hoy quería dedicar mi “gracias” a todos los que, aunque quizá en un segundo plano, también forman parte de esto. Y aunque me gustaría incluir muchos más nombres, no puedo. También me gustaría poder correr durante dos horas seguidas, y tampoco puedo. Como no puedo, quiero incluiros a todos en este último GRACIAS. Gracias por animarme, acompañarme, felicitarme y ayudarme a crecer.

PARTE II. 2021: LO QUE CAMBIA

Todos los años cambian cosas. De hecho, hay cosas que cambian todos los días. Nosotros mismos, por ejemplo, no hacemos más que cambiar a cada instante. De eso, de instantes, pero sobre todo de cambios, quiero hablaros en esta segunda parte de mi crónica final. Hoy, 1 de enero, ya se ha producido para mí el primer cambio. He dejado atrás la categoría Sub20. La júnior que ganó ayer la carrera de sus sueños ha dejado de serlo. Atrás quedan cuatro años (dos como Sub18 y dos como Sub20) de un aprendizaje constante. Un crecimiento diario. Cuatro años repletos de experiencias que han colmado mi mochila roja. Cuatro años de muchas curvas. A la pista, pero también a mí misma. Cuatro años picando piedra para tratar de construir el edificio de mi vida. Ayer acabó un ciclo de cuatro años. Como un ciclo olímpico. Sin Juegos de por medio, pero sí con mucho juego. Porque hasta aquí no ha dejado de ser eso, un juego. Un juego precioso, dotado de sus propias reglas. A veces he intentado imponer las mías. No ha funcionado. He perdido algunas partidas, pero siempre he podido disfrutar de las revanchas. La partida inicial del primer nivel del juego acaba aquí. La próxima vez que me ponga un dorsal ya no seré una atleta júnior. Durante los próximos tres años de mi vida, de hecho, seré una atleta “promesa”. Pero como no me gusta nada esa palabra, diré que durante los próximos tres años de mi vida seré el definitivo proyecto de atleta. La antesala a la categoría absoluta. El paso previo para convertirme en aquello que siempre he querido ser. Sé que van a ser años difíciles. Que voy a perder mucho antes de poder ganar algo. Que voy a seguir tragándome muchos árboles. Siempre están en mitad del camino. Sé que voy a tener que trabajar mucho. Que confiar mucho. Que pelear mucho. Pero también sé que es lo que quiero. Sé que lo quiero mucho, mucho, mucho. Por eso, aunque de vez en cuando el viento me haga tambalearme, voy a seguir disfrutando de lo maravilloso que es vivir despeinado. Y, aunque despeinada, yo no dejaré de ponerme mi cinta. Por eso os pido, a vosotros, que no dejéis de buscarla


PARTE III. 2021: LO QUE PERMANECE

Lo que cambia es importante. Lo que permanece, esencial. Así que vamos ahora a hablar de eso, de lo esencial. Vamos a hablar de lo que no cambia. Ni este año ni los venideros.

No cambian, en sentido estricto, los colores. Que os he acostumbrado al naranja y sería un choque visual trocarlo en fucsia. Pero es que tampoco en el sentido figurado cambian los colores. Tres factorial. Seis para los de letras. Es el número de temporadas que llevo en casa, que llevo en Suanzes. Hoy ha empezado, oficialmente, la séptima. Eso no sé transformarlo en factorial. Así que siete a secas. 7 de 19.

Me gusta distribuir las cosas en tercios. Y 7 de 19, fíjate tú, es casi un tercio. Sí, me gustan los tercios. Mi primer tercio en el club fue como aprender a nadar. Poquito a poco. Las puntas. Mi segundo tercio, la zambullida. De cabeza y sin pensar. Así acabé de chichones. Que la piscina cubría, Claudia, y tú te creíste nadadora experimentada. Betadine y tiritas. Compeed ya no, Emilio, no te preocupes. Ahora siempre Linitul. Como todo cicatriza, durante el último tercio he hecho algunas piruetas chulas. Desde el trampolín alto. Pero no os creáis que he llegado al final de la piscina. Ya he cubierto 25 metros, pero es que la piscina es de 50. Y cuando toque pared, será tan fácil como dar la vuelta y seguir nadando.

Mi piscina es mi club. Mi casa. Mi familia. No necesito salir del agua. Porque ahora nado muy bien, pero no se me olvida que allí estuvieron ellos también cuando me costaba mantenerme a flote. Sé que sois eso, el flotador al que agarrarme cuando esté cansada. La toalla para secarme. Las gafas para que no me entre agua en los ojos. Sé que sois el “pack piscina” al completo. Detrás de cada largo. Buscando conmigo la siguiente brazada. Familia Suanzes, nunca podré agradeceros lo suficiente la calidez de vuestro albornoz al salir del agua. Por eso, porque sé que no puedo, hago lo único que se me ocurre para devolvéroslo: seguir nadando en la piscina de siempre. Vamos a construir, juntos, nuevas historias de agua.


CRÓNICA XXXIV MILLA DE SUANZES

  PARTE I: Mi primera “milla” no fue una milla, sino un kilómetro. Desde aquel lejano septiembre, no me he perdido ninguna edición. Vale, ...