domingo, 27 de febrero de 2022

INVIERNO. CAPÍTULO FINAL

Parte I:

Este finde, el foco mediático estaba bien lejos de Madrid. Los puestos en atletismo me habéis pillado. Los menos, lo haréis pronto. Campeonato de España Absoluto. ¿Y cómo que no has ido a Ourense? Creo que me han hecho esa pregunta más veces en estos últimos días que vueltas dadas a Gallur durante el invierno. Y mira que han sido unas cuantas. No os voy a mentir, que ya sabéis que no me gusta. Estaba en el plan. Lo de Ourense. El 1500, que era para el que tenía mínima. Había reservado hasta el hotel. Que estos señores de Booking te lo ponen tan fácil que hasta los ineptos tecnológicos somos capaces de organizar un viaje.

Así que sí. Podría perfectamente haber estado en Ourense. En mi primer Campeonato de España Absoluto. Pero, para ello, este señor de la foto, que me cuenta siempre las mismas batallitas, y que a veces no me deja correr tanto como me gustaría, habría tenido que meterse entre pecho y espalda 500 km al volante. Ojo. 500 de ida. Después, otros 500 de vuelta. ¿Sabéis? Los habría hecho. Esos y los necesarios para llevarme al fin del mundo. 20 años puede que sean aún pocos para muchas cosas. Pero, sin duda, son suficientes para saber que no habría tenido ningún sentido. Que habría sido un capricho, una actitud egoísta. Así que sí. No estar ha sido una decisión mía. Probablemente no la mejor ... atléticamente hablando, claro. Porque por encima de lo atlético estará siempre lo humano. Y ahí tengo la certeza de que no me he equivocado.


Parte II:

Diciembre fue para mí un mes mágico. No tengo que jurarlo. Un Europeo, un buen 3000 y una victoria preciosa en la carrera de mis sueños. Desde entonces, dos meses de competiciones sin interrupción. Final de un cuatrimestre exigente y comienzo de uno que lo es aún más. Pinchazos en los dedos con una regularidad semanal más precisa que los pasos de una “liebre”. Un título autonómico absoluto, y uno Sub23. Un debut en el cross “de mayores” con un “Top Ten menos uno”. Un quinto puesto nacional en el anillo de Salamanca. De 9.58 a 9.38 en las 15 vueltas. De coronar Vallecas en algo menos de 35.30 a hacerlo en algo más de 34 minutos. De haber olvidado desde dónde se salía en el 1500 a conseguir en esa prueba mi primera mínima absoluta.

Han sido unas semanas frenéticas. Como soy de ciencias, pues entenderéis que me gusten las estrellas. Me habría gustado, como ellas, poder brillar un poquito más. Las noches estrelladas son preciosas. Pero sé que no me puedo quejar. Aunque con sus nubes, este invierno también ha tenido momentos de Sol. Me lo he pasado muy bien. He entrenado y competido a ritmos que antes me parecían una utopía. He conseguido mis mejores notas universitarias (hasta el momento) estudiando en tropecientas habitaciones de hotel. He afrontado cada reto deportivo y humano con ilusión y, aunque soy un desastre, hasta he conseguido no perder mi cinta naranja en ningún punto de la geografía española.

Se acaba para mí el invierno. Tranquilos. El atlético. Contra la Naturaleza no voy. Sé que necesito echar el freno de mano. Alejarme del ruido de fuera para que todo vuelva a fluir dentro. Me da un poco de pena, porque han sido semanas muy bonitas. Vivirlas yo, pero especialmente compartirlas con los míos. Ahora es momento de seguir construyendo. Un nuevo edificio. Con la certeza de que ellos, los míos, me ayudarán a apilar ladrillos. Con la ilusión, también, de que vosotros seguiréis leyendo las palabras que escriba cuando llegue el momento de inaugurarlo. Id guardando los abrigos, que pronto empieza la mejor parte del año.


lunes, 21 de febrero de 2022

¿DUDAS?

 CRÓNICA CAMPEONATO DE ESPAÑA SUB23 DE PC

PARTE I:

Miguel de Unamuno no se puso jamás unas zapatillas de correr. Tampoco resolvió, durante sus algo más de setenta años de vida, ninguna ecuación diferencial. Ni ordinaria ni en derivadas parciales. Así que vais a perdonarme si hoy lo tomamos a él como figura central de la historia.

Miguel de Unamuno pensaba mucho. También escribía mucho. Justo merecedor del Nobel que nunca recibió, dicen los entendidos. Yo no entiendo. Pero sí que siento. Y siento mucho cuando leo a Unamuno.

Corría el año 1936. Año difícil en esa historia que es la nuestra, la Historia de España. Aquí estaba nuestro amigo Unamuno, en esta misma ciudad en la que me estrené yo, ayer, como atleta "semimayor". A punto de pronunciar el discurso con el que tomaría posesión de su cargo como Rector de la Universidad de Salamanca. Frente a él, un auditorio repleto. Unamuno, que no era salmantino, sino vasco. Que no tenía una tendencia política definida. Que vivía en una profunda contradicción. Entre el creer y el saber. Unamuno. Que no necesitó ni alzar la voz. Que miró hacia Millán Astray y entonó, convencido, aquello de "Venceréis, pero no convenceréis".

No sé lo que dicen los que escriben la Historia. No me interesa su pluma. Prefiero recurrir, directamente, a los que la vivieron. Tengo el discurso de Unamuno en dos sitios diferentes. Lo imprimí en letra cursiva, y lo colgué en mi cuarto, frente a mi escritorio. Sólo por si en algún momento se me olvida algún fragmento. Porque tengo el discurso de Unamuno grabado dentro. Estoy intentando vivir de acuerdo a él. Aunque sus palabras no sean, estrictamente hablando, mías. Yo también vivo, como Unamuno, entre el creer y el saber. Entre la realidad y la ilusión. Tengo muchas dudas. Pero también tengo una certeza. La de saber lo que quiero. Y otra más. La de ser consciente de que estoy haciendo todo lo que puedo para conseguirlo. Disculpe, Don Miguel, porque ya ve usted que, en algunas cosas, no tengo dudas. 

PARTE II:

Ayer, mientras calentaba, pensaba en Unamuno. Bueno. También pensaba en no dejarme un tobillo. Que a esas horas no se veía un carajo. Pero pensaba principalmente en Unamuno. Porque, como él, yo también tenía mis dudas. Menos trascendentales, claro. Pero mis pequeñas dudas.

No porque no quisiera correr. En absoluto. Me apetecía mucho hacerlo. Tampoco porque me diera miedo. No os preocupéis, el pistoletazo de salida no suena tan fuerte. Tenía dudas porque quería creer. Hasta ahora, creer me ha dado buenos resultados. Pero sabía que, por mucho que creyera, o que quisiera hacerlo, la realidad está siempre por encima de la fantasía. 

Ayer tenía un sueño. Quedar entre las tres primeras. Ayer, también, tenía un objetivo realista. Hacerlo entre las seis. Salí la última. Poca emoción, lo sé. Siempre salgo la última. Me coloqué la séptima. Mantuve esa posición durante la primera mitad de la carrera. Claudia. Que los sueños son sueños. No siempre se pueden cumplir. Pero los objetivos, aunque no puramente objetivos, se ajustan más a la realidad. Me coloqué sexta. Objetivo cumplido. Así que ahora, que la realidad es real, sueña. Me coloqué quinta. Y final del cuento. Porque quinta llegué. En mi primer campeonato de España de pista en categoría Sub23.

¿Qué queréis que os diga? Que vuelvo a tomarle la delantera a nuestro amigo Unamuno. Porque no tengo ninguna duda. Estoy contenta. Estoy muy contenta. Ayer me quedé lo suficientemente lejos del podio como para querer seguir creciendo. Pero lo suficientemente cerca como para acabar con una gran sonrisa. Aunque siga sintiendo que puedo correr mucho más rápido. Aunque termine de correr y esté pensando ya en volver a hacerlo. ¿Cómo dice, Don Miguel? ¿Que no me aclaro? No me venga con esas, eh, que hemos quedado que el de las dudas era usted.



domingo, 13 de febrero de 2022

SABOR AMARGO

 CRÓNICA CAMPEONATO MADRID ABSOLUTO PC

Cuando empecé a escribir mis crónicas, me prometí que, ante todo, iba a ser sincera. Como lo he cumplido hasta el momento, y pienso seguir haciéndolo, os voy a pedir de antemano que me perdonéis. Porque mi sinceridad de hoy puede que no os guste mucho.

Campeonato de Madrid Absoluto. Isidro siempre dice que, aunque los “buenos” tiendan a olvidarse de ellos, los campeonatos autonómicos también son importantes. A la orden, jefe. Este “finde” me había apuntado inicialmente a dos pruebas: el 1500 por la mañana y el 3000 por la tarde. La primera porque el fin de semana me lo pasé muy bien jugando a mediofondista. Y la segunda porque es la distancia con la que más migas hago en la temporada de pista cubierta. Y ya sabéis, no se pueden descuidar las relaciones.

Cuando vi los inscritos, pensé que lo de pasármelo bien podía quedar para otra ocasión. El 3000 pintaba bien. Se me presentaba una buena oportunidad para darle un mordisquito a mi marca. Así que renuncié al 1500. Os voy a contar un secreto. Cuando mi madre venía a buscarme al colegio con la merienda los viernes, y debajo del papel de aluminio había un sándwich de foie gras, sentía una profunda desilusión. Con lo rico que estaba el de Nocilla. Pues este viernes, cuando vi el listado definitivo de inscritos, me sentí un poco así. Delante de un “bocata” de foie gras. Así que esta tarde me he presentado en Gallur con un sabor un poco rancio. Porque, aunque me hacía mucha ilusión ver a Tamara, Dani, Chechu, Miguel y ese cada vez mayor etcétera de personas con las que coincido en las competiciones, sabía que me iba a tocar correr sola. Y eso ya me hacía menos ilusión.

Hoy he sido Campeona de Madrid Absoluta en una prueba en la que nunca lo había sido (archivo paterno), así que supongo que quedaría muy bonito escribir que estoy contenta. Recordad. Sinceridad. No estoy contenta. Tampoco triste. No he corrido lento. Pero tampoco rápido. He corrido sola ... y estoy un poco cansada de hacerlo siempre. Sé que ganar está al alcance de pocos. Que muchos han corrido hoy, y pocos nos hemos alzado con la victoria. Hay mucha gente corriendo rápido estos días. Supongo que debe de ser más fácil cuando llevas a alguien delante. ¿Sabéis? Me alegro mucho por ellos. Especialmente cuando los conozco. Porque, aunque en la pista seamos rivales, debajo del número de dorsal hay otras personas que también están persiguiendo sus sueños. Así que me alegro mucho cuando lo consiguen. Pero, la verdad, yo también podría correr, acompañada, más rápido de lo que lo hago sola. Lo siento. Pero, como esto es lo que siento, esto es lo que escribo. Sí. Lo sé. Que corra sola no significa que lo esté. Gracias por acompañarme en el camino.



domingo, 6 de febrero de 2022

CRÓNICA X REUNIÓN FAM PC - 1500

Hace poco más de dos semanas despedía el primer cuatrimestre estampando mi firma en el último de los exámenes finales. Era un viernes. Al lunes siguiente, cogía de nuevo el “boli”, pero no para resolver ejercicios, sino para empezar a tomar los primeros apuntes del segundo “cuatri”. Dos días de descanso entre ellos. Casi no me da tiempo ni a cambiar de color.

Tengo la sensación de que este descanso ha sido demasiado corto. De que he empezado la segunda serie sin haberme recuperado bien de la primera. Hoy os voy a ser muy sincera, tenía “cero ganas al cuadrado”. Cero ganas de estudiar. Cero ganas de competir. Esta mañana, cuando mi padre me ha dicho que no estudiara, le he respondido que a mi mente le gustaría no hacerlo. Pero que sería lo fácil. Y las ecuaciones fáciles, ya sabéis, explican pocas cosas. La Física bonita está en las ecuaciones difíciles. Esta tarde, rumbo  a Gallur, cuando Isidro me ha dicho que no tenía por qué correr hoy, le he respondido igualmente que a mi cuerpo le gustaría no hacerlo. Pero que sería lo fácil. Y los ritmos fáciles, ya sabéis, no sirven para ganar carreras. Las carreras se ganan apretando los dientes.

Hoy me habría quedado en casa. Y os voy a contar por qué no lo he hecho. Aunque os parezca una caramelada. Como ya os tengo acostumbrados a ellas, pues no importa. Un poquito más de azúcar. Hace unas semanas coincidí con mi amiga Ivana, del Club Corredores. Yo no creo en el talento. Sí en el trabajo. Y sé que detrás de ella hay mucho. Ivana llevaba varias tentativas frustradas sobre el 1500. Se le resistía, por poquito, la mínima absoluta. ¿Qué queréis que os diga? Tengo de mediofondista lo mismo que de física experimental. Cero. Rompo todos los “cacharritos”. Pero sabía que en 4.40 sí que podía correr. Así que quedamos en que la rubia pequeña le haría de “liebre no oficial” a la rubia grande. No me gusta nada de nada fallarme a mí. Pero me gusta aún menos fallar a los demás. Así que hoy he sido una estupenda mediofondista. Paso del mil en 3.05. Suficiente. La rubia mayor se va para Orense. Y la rubia pequeña se alegra mucho. Por la rubia mayor, claro. Pero es que, de rebote, vuestra física en proyecto ha conseguido mejor marca personal, ¡y su primera mínima absoluta! Es como la primera ecuación diferencial ordinaria que resuelves solo. Hace ilusión. Aunque sea una ecuación sencilla. Es el primer paso para poder resolver una más complicada. Muchas gracias por compartirla conmigo. No. No os preocupéis. La ecuación ya la resuelvo sola. Me refería a la ilusión por seguir creciendo.



CRÓNICA XXXIV MILLA DE SUANZES

  PARTE I: Mi primera “milla” no fue una milla, sino un kilómetro. Desde aquel lejano septiembre, no me he perdido ninguna edición. Vale, ...