domingo, 23 de enero de 2022

MÁQUINAS DE CARNOT. CABALLO CUATROCENTISTA

 CRÓNICA CAMPEONATO AUTONÓMICO DE CLUBES PC

PARTE I: Máquinas de Carnot

Hoy, para que no me acuséis de irme por los cerros de Úbeda, vamos a empezar hablando de algo que a los atletas nos interesa mucho: rendimiento. Así que os quiero bien atentos. Máximo rendimiento, para ir entrando en materia.

Hace muchos años, a un joven francés le dio por pensar en eso del rendimiento. No hacía atletismo, no, pero era un chico listo. Se llamaba Nicolas Léonard Sadi Carnot. Carnot para los amigos. Y también para los no amigos. Que tres nombres son muchos nombres. Seguro que os suena un poco. Pues este chico, que no llegó a arrojar retoños al mundo, fue el Padre de la Termodinámica. La Química de la Física.

Seguro que muchas veces os habéis planteado cómo sería funcionar como una máquina, ¿verdad? Programar un ritmo y cumplir con él rigurosamente. Rendir al máximo. Menudo chollo. Pues siento daros una mala noticia. Bueno. Yo no, si no mi amigo Carnot. No es posible. De verdad. Carnot demostró que existe un rendimiento máximo, sí. Pero que ninguna máquina real puede alcanzarlo. De hecho, entre ambos rendimientos, ideal y real, hay mucha distancia. Como de aquí a Francia. Por lo menos. 

Eso hablando de máquinas. Que nosotros ni siquiera lo somos. Si el lavavajillas no puede rendir al máximo, ¡cómo no van a quedar restos cuando fregamos nosotros los cacharros! Ya puede Fairy prometernos maravillas. Que no. Pues corriendo es lo mismo. Buscamos mejorar. Siempre se puede restregar un poquito más. Pero no podemos eliminar hasta el más minúsculo átomo de suciedad. No podemos correr eternamente más rápido. Tenemos un tope. Parte mala. Que existe el techo. Pero es que también hay una parte buena. Que no hay límite a la hora de salir a buscarlo.

Veréis cómo, en el fondo, hasta me dais la razón. Reconoced que es mucho más divertido llenarse de agua y espuma lavando a mano que darle al botón de programa corto en la lavadora. Carnot, te perdonamos. Aunque, hombre, un poco aguafiestas sí que eres, así que los platos de esta noche los friegas tú.

PARTE II:

Eso de “estrategia” me ha parecido siempre de partida de ajedrez de sobremesa. O de Hundir la flota en una tarde de domingo. Las carreras estratégicas, la verdad, me dan la sensación de no estar utilizando todas las piezas.

Ayer, poco antes de encarar las 15 vueltas, tenía yo todos mis pequeños peones colocaditos en sus casillas. La verdad, no os lo voy a negar, es que me apetecía intentar correr rápido. Tampoco es una novedad, vaya. Pero resulta que era un campeonato. Y por clubes. Quizá la no-estrategia “correr como pollo sin cabeza” no era la más adecuada. “Ya tendrás tiempo de desbocarte”, le decía mi reina a mi caballo. “Hoy me dejas a mí las riendas”. Así que mi pobrecito caballo agachó la cabecita y empezó mansamente al trote.

Tengo que confesaros que mi padre siempre me ganaba al ajedrez. Es que la estrategia y yo… Nunca hemos tenido una relación muy estrecha. Ayer descubrí que todavía tenemos que hacer las paces. Al final solo pude ser segunda. No sentía, desde luego, que el caballo estuviera galopando. Pero eso es una buena noticia. Porque, después, resultó que tampoco iba al paso, como yo sentía. Digamos, sí, que iba al trote. 9.48. También segunda: mi segunda mejor marca de siempre.

Como mi caballo se quedó con ganas, dejamos hasta las herraduras puestas. “Que quieres correr, ¿eh? Pues vas a correr”. Tercera posta del 4x400. Ya manejo hasta la jerga velocista. Para que veáis. Es IMPRESIONANTE la cantidad de cosas que podrían haber salido mal. Tirar el palitroque. Perdón, el testigo. Salir antes de tiempo. Pisar la raya. Que me doblaran. Así un largo etcétera. Pues, oye, no salió mal ninguna. E incluso me lo pasé bien. De mi rendimiento no vamos a hablar, eh. Que ese tema lo acabamos de abordar.

Ayer fue una tarde estupenda, la verdad. Me quedé con ganas. Con muchas ganas. De volver a correr. Pero, también, y especialmente, de hacerlo con los míos animando desde la grada. Vienen más 3000s. Pero juntos. Los tresmiles y nosotros. Siempre.



 

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