lunes, 2 de mayo de 2022

Crónica Run for the Earth 5K

Según mis cálculos, mi “profe” de Óptica lleva alrededor de 30 años utilizando un sistema de unidades diferente al Internacional. Se trata del Sistema Cegesimal, o Gaussiano, en honor a su creador. Aunque a este paso no me extrañaría que lo renombraran y pasara a llamarse “Sistema Luis Lorenzo”. Además de férreo defensor del Sistema Gaussiano, mi profesor de Óptica es un entusiasta de los órdenes de magnitud. “El hombre de la calle sabe que esto es 1m (y extiende los brazos) y esto 1s (y chasquea los dedos). Vosotros tenéis que saber… (medida que, con total seguridad, nosotros no sabemos)”.

Hoy me he acordado de él ... y de sus órdenes de magnitud. El tiempo de reacción medio de un ser humano es de 0,25 segundos. Esta mañana, cuando se ha dado la salida de la prueba de 5 kilómetros inscrita en el marco de eventos de MadBlue, he roto todas las estadísticas. De 0,25 segundos nada. He salido escopetada. De hecho, la primera. Y eso sí que es más extraño que su Sistema Gauss. Después, el agua ha vuelto a su cauce. A ver si él se lo aplica y adopta el Sistema Internacional. Que ya va siendo hora. Las hornadas futuras de Físicos me lo agradecerán.

16 minutos y 43 segundos después de salir escopetada, he llegado a la meta. Menos escopetada, que era cuesta arriba. Pero muy contenta. Correr es muy divertido; ganar, muy reconfortante. Encontrarse mejor de lo que uno esperaba, un extra de motivación. Compartir pódium con dos personas admiradas, una muy buena manera de “echar” la mañana del domingo.

Jornada casi completa. Si el bueno de Luis quisiera subirnos los apuntes actualizados, y eliminara los órdenes de magnitud del examen del miércoles, rematábamos ya. Pero esa es otra historia. Nos vemos en la siguiente.


lunes, 25 de abril de 2022

CABEZA DE LEÓN, COLA DE RATÓN

 CRÓNICA CAMPEONATO DE MADRID DE CLUBES ORO

PARTE I:

Dice Miguel que, en el atletismo, hay dos opciones: “cabeza de ratón o cola de león”. Avanzadilla del pelotón o retaguardia de la delantera. Ayer, los dos equipos del “Suanzes”, masculino y femenino, acometíamos una batalla complicada: Liga de Oro de Clubes. Es la máxima competición a nivel autonómico. Nos tocaba, precisamente, ser esto último: cola de león.

No os creáis que sabernos en la trasera hizo que no lucháramos. En absoluto. Como cada vez que tengo la suerte de participar en esta competición tan entrañable, vi a todos mis compañeros defender nuestros colores en sus respectivas pruebas con uñas y dientes. Que para eso ayer éramos leones. Había muchos atletas doblando. Mucho encaje de bolillos para intentar cubrir todas las pruebas. Mucho trabajo dentro de la pista. Y también mucho trabajo fuera de ella.

La realidad se impuso al final de la tarde. En el caso de las féminas, de manera innegable. Cerramos el medallero. O, dándole la vuelta a la tortilla, lo abrimos, pero por el lado que no era. Nuestros chicos protagonizaron una supuesta jornada de circunstancias adversas. O eso nos han querido hacer creer. Porque yo tengo mi propia teoría al respecto. Siempre he dicho que mi club es una familia. En las familias, nadie se queda atrás. Pues eso. Nuestros chicos, que no quisieron dejarnos atrás, se alinearon con la Providencia.

Total. Que el año que viene, por seguir hilando con el pensamiento de Miguel, seremos “cabeza de ratón”. Competiremos en la Liga de Plata. Supongo que debe de ser algo así como haber jugado en Primera y descender a Segunda. Pero, ¿sabéis una cosa? Que a mí me da exactamente igual. Porque, aunque un peldaño más abajo, seguiremos subiendo la escalera juntos. En familia. Una familia muy grande de ratones muy chiquititos.

PARTE II:

Escribí mi última crónica hace, justo, un mes. No es que me haya podido la desidia. No. Es que no he competido desde entonces. El “re-regreso”, dicho sea de paso, tampoco ha sido de otro mundo. Bastante discreto, por no decir mediocre. He pasado un mes sin competir, que no sin entrenar, porque el foco de mi atención se ha trasladado, temporalmente, a una carrera que no disputo con zapatillas. Bueno, realmente sí. Con tacones a clase, como os podéis imaginar, no voy. Pero me habéis entendido. Estoy encarando la recta final de una carrera que me está exigiendo mucho esfuerzo. No porque tenga unos rivales fuertes, sino por su dificultad intrínseca. Me pesa la cabeza. Será el láctico, que se ha trasladado de las piernas al cerebro. Quedan, todavía, los últimos metros. Los definitivos. Como en toda carrera, me va a tocar apretar todavía más los dientes. No me importa. Estoy viendo el final. El del curso. Y es que, cuando lo alcance, será el verdadero pistoletazo de salida de la carrera del verano. Esta vez, sí, la que libro con zapatillas de colores.

Ayer mis piernas no estaban preparadas para correr muy rápido. Tampoco mi cabeza, que iba repasando las fórmulas más importantes del examen que tengo esta tarde. Mejor, que así ya no tuve que hacerlo al volver a casa. Luché por dar mi máximo, aunque mi máximo de ayer no fuera el que me habría gustado. Tampoco me importa. En la vida, como en la Física, todo es cuestión de perspectiva. Y yo sé que volverá a serlo. Mientras tanto, seguiré corriendo. Aunque tenga que ser más lento. Y seguiré estudiando. Aunque a veces sienta que mi neurona está próxima a estallar, como en una nube de estrellas. Os pido, como siempre hago, que sigáis empujando mis zancadas. Tranquilos. Que de las fórmulas y, esas cosas no atléticas, ya me sigo encargando yo.

lunes, 21 de marzo de 2022

Toboganes de agua

 CRÓNICA 39 CARRERA DEL AGUA – MEMORIAL JOSÉ JUAN OJEDA

PARTE I:

Ayer por la mañana, mi madre y yo llegamos a Plaza de Castilla muy pronto. Torcí un poco el gesto cuando observé algunos mechones rubios escapando alegremente de mi coleta. Sinónimo de viento. Mala cosa. Antes de que hiciera mi primera visita al baño, se nos acercó un chico de la organización. Muy majete. Venía para preguntar/confirmar si yo era Claudia. Aunque para Isidro sea un “pequeño cañamón”, y, para mi madre, un “desastre”, preferí omitirlo. Así que sí. Le dije que era Claudia. Resulta que, aunque yo había pagado mi inscripción (como el resto de corredores normales), la organización me había reservado un huequecito delante para que pudiera salir rápido, sin tragarme la marabunta. Rápido, ya se entiende, según mis posibilidades ... que de mi velocidad de reacción ya hemos hablado muchas veces.

Así que me fui a calentar tan contenta. Además, todo el mundo decía que aquel era un recorrido maravilloso. Que se volaba. Yo, de momento, estaba contenta con no volarme. Cuando regresé al arco de salida, ya me estaba esperando el chico de la organización. Y muchos medios. Casi respondí mayor número de preguntas delante de cámaras que metros recorridos después. Hasta foto institucional hubo. Ya lo veis. El pódium tradicional tiene tres escalones. Y en la foto somos cuatro. Las dos primeras plazas, a años luz. Ni en cohete. Así que, como mi relación con los cuartos puestos, qué os voy a contar, es un poco tormentosa, lo tenía claro. La tercera tenía que ser para el “pequeño cañamón”.

PARTE II:

Pistoletazo de salida. Por fin. Me gusta más correr que hacerme fotos. Mis pronósticos iniciales, confirmados. Menudo aire. Especialmente cuando tienes una constitución física que no es precisamente de culturista. Lo del aire se me olvidó pronto. ¡Pero cómo que un circuito para volar! Yo diría que era un circuito para columpiarse. Cuando vi el primer tobogán pensé que era una cosa puntual. Cuando encadené el cuarto repecho subida-bajada, ya pensaba que quedaban aún otros cuatro o cinco. ¡Ay, qué pardilla! Engañada por completo. Primera vez en toda mi vida que cubro más rápido el segundo segmento de la carrera.

Era un trazado un poco desangelado. Una organización, eso sí, muy buena. Una marca bastante “regulera”. Aunque, todo sea dicho, conseguí mi mejor marca homologada en ruta: 35:12. Las dos primeras plazas quedaron muy, muy lejos. Un tercer escalón al que sí me subí. Como todo, sus partes buenas y sus partes malas. Un preámbulo en el recorrido veraniego. ¿Me habría gustado correr más rápido? Pues sí. ¿Que todavía es pronto? Pues también. Me lo pasé bien. Porque corriendo siempre me lo paso bien.  Pero también porque cada vez me siento más respaldada. No porque me vayan conociendo en las organizaciones de las carreras, eh. Para nada. Yo sigo y seguiré yendo a mi aire. Nunca mejor dicho. Me siento muy respaldada por todos los que me escribís después para decirme que hicisteis parte de la carrera conmigo, que leéis mis crónicas y que siga corriendo. Mirad que nunca he sido de obedecer así porque sí. Pero esto lo voy a cumplir a rajatabla.

El chico de la organización me dijo que estaba invitada a correr el Derbi de las Aficiones, que también organiza LastLap. Que es una carrera muy rápida. Ya, ya. Primero tengo yo que contrastar esa información. Nos vemos pronto, amigos. Sigamos haciendo aquello que nos hace felices ... aunque haya cuestas y nos pegue aire en contra.


domingo, 27 de febrero de 2022

INVIERNO. CAPÍTULO FINAL

Parte I:

Este finde, el foco mediático estaba bien lejos de Madrid. Los puestos en atletismo me habéis pillado. Los menos, lo haréis pronto. Campeonato de España Absoluto. ¿Y cómo que no has ido a Ourense? Creo que me han hecho esa pregunta más veces en estos últimos días que vueltas dadas a Gallur durante el invierno. Y mira que han sido unas cuantas. No os voy a mentir, que ya sabéis que no me gusta. Estaba en el plan. Lo de Ourense. El 1500, que era para el que tenía mínima. Había reservado hasta el hotel. Que estos señores de Booking te lo ponen tan fácil que hasta los ineptos tecnológicos somos capaces de organizar un viaje.

Así que sí. Podría perfectamente haber estado en Ourense. En mi primer Campeonato de España Absoluto. Pero, para ello, este señor de la foto, que me cuenta siempre las mismas batallitas, y que a veces no me deja correr tanto como me gustaría, habría tenido que meterse entre pecho y espalda 500 km al volante. Ojo. 500 de ida. Después, otros 500 de vuelta. ¿Sabéis? Los habría hecho. Esos y los necesarios para llevarme al fin del mundo. 20 años puede que sean aún pocos para muchas cosas. Pero, sin duda, son suficientes para saber que no habría tenido ningún sentido. Que habría sido un capricho, una actitud egoísta. Así que sí. No estar ha sido una decisión mía. Probablemente no la mejor ... atléticamente hablando, claro. Porque por encima de lo atlético estará siempre lo humano. Y ahí tengo la certeza de que no me he equivocado.


Parte II:

Diciembre fue para mí un mes mágico. No tengo que jurarlo. Un Europeo, un buen 3000 y una victoria preciosa en la carrera de mis sueños. Desde entonces, dos meses de competiciones sin interrupción. Final de un cuatrimestre exigente y comienzo de uno que lo es aún más. Pinchazos en los dedos con una regularidad semanal más precisa que los pasos de una “liebre”. Un título autonómico absoluto, y uno Sub23. Un debut en el cross “de mayores” con un “Top Ten menos uno”. Un quinto puesto nacional en el anillo de Salamanca. De 9.58 a 9.38 en las 15 vueltas. De coronar Vallecas en algo menos de 35.30 a hacerlo en algo más de 34 minutos. De haber olvidado desde dónde se salía en el 1500 a conseguir en esa prueba mi primera mínima absoluta.

Han sido unas semanas frenéticas. Como soy de ciencias, pues entenderéis que me gusten las estrellas. Me habría gustado, como ellas, poder brillar un poquito más. Las noches estrelladas son preciosas. Pero sé que no me puedo quejar. Aunque con sus nubes, este invierno también ha tenido momentos de Sol. Me lo he pasado muy bien. He entrenado y competido a ritmos que antes me parecían una utopía. He conseguido mis mejores notas universitarias (hasta el momento) estudiando en tropecientas habitaciones de hotel. He afrontado cada reto deportivo y humano con ilusión y, aunque soy un desastre, hasta he conseguido no perder mi cinta naranja en ningún punto de la geografía española.

Se acaba para mí el invierno. Tranquilos. El atlético. Contra la Naturaleza no voy. Sé que necesito echar el freno de mano. Alejarme del ruido de fuera para que todo vuelva a fluir dentro. Me da un poco de pena, porque han sido semanas muy bonitas. Vivirlas yo, pero especialmente compartirlas con los míos. Ahora es momento de seguir construyendo. Un nuevo edificio. Con la certeza de que ellos, los míos, me ayudarán a apilar ladrillos. Con la ilusión, también, de que vosotros seguiréis leyendo las palabras que escriba cuando llegue el momento de inaugurarlo. Id guardando los abrigos, que pronto empieza la mejor parte del año.


lunes, 21 de febrero de 2022

¿DUDAS?

 CRÓNICA CAMPEONATO DE ESPAÑA SUB23 DE PC

PARTE I:

Miguel de Unamuno no se puso jamás unas zapatillas de correr. Tampoco resolvió, durante sus algo más de setenta años de vida, ninguna ecuación diferencial. Ni ordinaria ni en derivadas parciales. Así que vais a perdonarme si hoy lo tomamos a él como figura central de la historia.

Miguel de Unamuno pensaba mucho. También escribía mucho. Justo merecedor del Nobel que nunca recibió, dicen los entendidos. Yo no entiendo. Pero sí que siento. Y siento mucho cuando leo a Unamuno.

Corría el año 1936. Año difícil en esa historia que es la nuestra, la Historia de España. Aquí estaba nuestro amigo Unamuno, en esta misma ciudad en la que me estrené yo, ayer, como atleta "semimayor". A punto de pronunciar el discurso con el que tomaría posesión de su cargo como Rector de la Universidad de Salamanca. Frente a él, un auditorio repleto. Unamuno, que no era salmantino, sino vasco. Que no tenía una tendencia política definida. Que vivía en una profunda contradicción. Entre el creer y el saber. Unamuno. Que no necesitó ni alzar la voz. Que miró hacia Millán Astray y entonó, convencido, aquello de "Venceréis, pero no convenceréis".

No sé lo que dicen los que escriben la Historia. No me interesa su pluma. Prefiero recurrir, directamente, a los que la vivieron. Tengo el discurso de Unamuno en dos sitios diferentes. Lo imprimí en letra cursiva, y lo colgué en mi cuarto, frente a mi escritorio. Sólo por si en algún momento se me olvida algún fragmento. Porque tengo el discurso de Unamuno grabado dentro. Estoy intentando vivir de acuerdo a él. Aunque sus palabras no sean, estrictamente hablando, mías. Yo también vivo, como Unamuno, entre el creer y el saber. Entre la realidad y la ilusión. Tengo muchas dudas. Pero también tengo una certeza. La de saber lo que quiero. Y otra más. La de ser consciente de que estoy haciendo todo lo que puedo para conseguirlo. Disculpe, Don Miguel, porque ya ve usted que, en algunas cosas, no tengo dudas. 

PARTE II:

Ayer, mientras calentaba, pensaba en Unamuno. Bueno. También pensaba en no dejarme un tobillo. Que a esas horas no se veía un carajo. Pero pensaba principalmente en Unamuno. Porque, como él, yo también tenía mis dudas. Menos trascendentales, claro. Pero mis pequeñas dudas.

No porque no quisiera correr. En absoluto. Me apetecía mucho hacerlo. Tampoco porque me diera miedo. No os preocupéis, el pistoletazo de salida no suena tan fuerte. Tenía dudas porque quería creer. Hasta ahora, creer me ha dado buenos resultados. Pero sabía que, por mucho que creyera, o que quisiera hacerlo, la realidad está siempre por encima de la fantasía. 

Ayer tenía un sueño. Quedar entre las tres primeras. Ayer, también, tenía un objetivo realista. Hacerlo entre las seis. Salí la última. Poca emoción, lo sé. Siempre salgo la última. Me coloqué la séptima. Mantuve esa posición durante la primera mitad de la carrera. Claudia. Que los sueños son sueños. No siempre se pueden cumplir. Pero los objetivos, aunque no puramente objetivos, se ajustan más a la realidad. Me coloqué sexta. Objetivo cumplido. Así que ahora, que la realidad es real, sueña. Me coloqué quinta. Y final del cuento. Porque quinta llegué. En mi primer campeonato de España de pista en categoría Sub23.

¿Qué queréis que os diga? Que vuelvo a tomarle la delantera a nuestro amigo Unamuno. Porque no tengo ninguna duda. Estoy contenta. Estoy muy contenta. Ayer me quedé lo suficientemente lejos del podio como para querer seguir creciendo. Pero lo suficientemente cerca como para acabar con una gran sonrisa. Aunque siga sintiendo que puedo correr mucho más rápido. Aunque termine de correr y esté pensando ya en volver a hacerlo. ¿Cómo dice, Don Miguel? ¿Que no me aclaro? No me venga con esas, eh, que hemos quedado que el de las dudas era usted.



domingo, 13 de febrero de 2022

SABOR AMARGO

 CRÓNICA CAMPEONATO MADRID ABSOLUTO PC

Cuando empecé a escribir mis crónicas, me prometí que, ante todo, iba a ser sincera. Como lo he cumplido hasta el momento, y pienso seguir haciéndolo, os voy a pedir de antemano que me perdonéis. Porque mi sinceridad de hoy puede que no os guste mucho.

Campeonato de Madrid Absoluto. Isidro siempre dice que, aunque los “buenos” tiendan a olvidarse de ellos, los campeonatos autonómicos también son importantes. A la orden, jefe. Este “finde” me había apuntado inicialmente a dos pruebas: el 1500 por la mañana y el 3000 por la tarde. La primera porque el fin de semana me lo pasé muy bien jugando a mediofondista. Y la segunda porque es la distancia con la que más migas hago en la temporada de pista cubierta. Y ya sabéis, no se pueden descuidar las relaciones.

Cuando vi los inscritos, pensé que lo de pasármelo bien podía quedar para otra ocasión. El 3000 pintaba bien. Se me presentaba una buena oportunidad para darle un mordisquito a mi marca. Así que renuncié al 1500. Os voy a contar un secreto. Cuando mi madre venía a buscarme al colegio con la merienda los viernes, y debajo del papel de aluminio había un sándwich de foie gras, sentía una profunda desilusión. Con lo rico que estaba el de Nocilla. Pues este viernes, cuando vi el listado definitivo de inscritos, me sentí un poco así. Delante de un “bocata” de foie gras. Así que esta tarde me he presentado en Gallur con un sabor un poco rancio. Porque, aunque me hacía mucha ilusión ver a Tamara, Dani, Chechu, Miguel y ese cada vez mayor etcétera de personas con las que coincido en las competiciones, sabía que me iba a tocar correr sola. Y eso ya me hacía menos ilusión.

Hoy he sido Campeona de Madrid Absoluta en una prueba en la que nunca lo había sido (archivo paterno), así que supongo que quedaría muy bonito escribir que estoy contenta. Recordad. Sinceridad. No estoy contenta. Tampoco triste. No he corrido lento. Pero tampoco rápido. He corrido sola ... y estoy un poco cansada de hacerlo siempre. Sé que ganar está al alcance de pocos. Que muchos han corrido hoy, y pocos nos hemos alzado con la victoria. Hay mucha gente corriendo rápido estos días. Supongo que debe de ser más fácil cuando llevas a alguien delante. ¿Sabéis? Me alegro mucho por ellos. Especialmente cuando los conozco. Porque, aunque en la pista seamos rivales, debajo del número de dorsal hay otras personas que también están persiguiendo sus sueños. Así que me alegro mucho cuando lo consiguen. Pero, la verdad, yo también podría correr, acompañada, más rápido de lo que lo hago sola. Lo siento. Pero, como esto es lo que siento, esto es lo que escribo. Sí. Lo sé. Que corra sola no significa que lo esté. Gracias por acompañarme en el camino.



domingo, 6 de febrero de 2022

CRÓNICA X REUNIÓN FAM PC - 1500

Hace poco más de dos semanas despedía el primer cuatrimestre estampando mi firma en el último de los exámenes finales. Era un viernes. Al lunes siguiente, cogía de nuevo el “boli”, pero no para resolver ejercicios, sino para empezar a tomar los primeros apuntes del segundo “cuatri”. Dos días de descanso entre ellos. Casi no me da tiempo ni a cambiar de color.

Tengo la sensación de que este descanso ha sido demasiado corto. De que he empezado la segunda serie sin haberme recuperado bien de la primera. Hoy os voy a ser muy sincera, tenía “cero ganas al cuadrado”. Cero ganas de estudiar. Cero ganas de competir. Esta mañana, cuando mi padre me ha dicho que no estudiara, le he respondido que a mi mente le gustaría no hacerlo. Pero que sería lo fácil. Y las ecuaciones fáciles, ya sabéis, explican pocas cosas. La Física bonita está en las ecuaciones difíciles. Esta tarde, rumbo  a Gallur, cuando Isidro me ha dicho que no tenía por qué correr hoy, le he respondido igualmente que a mi cuerpo le gustaría no hacerlo. Pero que sería lo fácil. Y los ritmos fáciles, ya sabéis, no sirven para ganar carreras. Las carreras se ganan apretando los dientes.

Hoy me habría quedado en casa. Y os voy a contar por qué no lo he hecho. Aunque os parezca una caramelada. Como ya os tengo acostumbrados a ellas, pues no importa. Un poquito más de azúcar. Hace unas semanas coincidí con mi amiga Ivana, del Club Corredores. Yo no creo en el talento. Sí en el trabajo. Y sé que detrás de ella hay mucho. Ivana llevaba varias tentativas frustradas sobre el 1500. Se le resistía, por poquito, la mínima absoluta. ¿Qué queréis que os diga? Tengo de mediofondista lo mismo que de física experimental. Cero. Rompo todos los “cacharritos”. Pero sabía que en 4.40 sí que podía correr. Así que quedamos en que la rubia pequeña le haría de “liebre no oficial” a la rubia grande. No me gusta nada de nada fallarme a mí. Pero me gusta aún menos fallar a los demás. Así que hoy he sido una estupenda mediofondista. Paso del mil en 3.05. Suficiente. La rubia mayor se va para Orense. Y la rubia pequeña se alegra mucho. Por la rubia mayor, claro. Pero es que, de rebote, vuestra física en proyecto ha conseguido mejor marca personal, ¡y su primera mínima absoluta! Es como la primera ecuación diferencial ordinaria que resuelves solo. Hace ilusión. Aunque sea una ecuación sencilla. Es el primer paso para poder resolver una más complicada. Muchas gracias por compartirla conmigo. No. No os preocupéis. La ecuación ya la resuelvo sola. Me refería a la ilusión por seguir creciendo.



CRÓNICA XXXIV MILLA DE SUANZES

  PARTE I: Mi primera “milla” no fue una milla, sino un kilómetro. Desde aquel lejano septiembre, no me he perdido ninguna edición. Vale, ...